Atentado en Pakistán: Así lo viví yo


Muchos os habréis enterado de lo que me ocurrió en Pakistán y quiero explicarlo aquí y ahora, pues yo soy la única persona que sabe lo que realmente sucedió. Primero, quiero dejar claro que en todo momento fui consciente de los peligros a los que me exponía al atravesar este país, y en especial en la región de Baluchistán. Por ello, tomé la decisión de subirme a un tren en la ciudad iraní de Zahedan, para atravesar el país en un medio de transporte acorde con mi nivel económico.

Cuando planifiqué mi ruta, no me quedaba otro remedio que atravesar Pakistán, pues la otra posibilidad hubiera sido Afganistán o hacer el recorrido por Rusia, lo que resulta inviable en invierno.

Lamentablemente, por contratiempos de las duras etapas llevadas acabo en el desierto iraní, no llegué a tiempo a coger uno de los dos trenes que salen mensualmente hacia este destino. En dos días, mi visado expiraba y tomé la decisión de cruzar la frontera terrestre para subirme en un autobús en la ciudad fronteriza de Taftan.

Nada más cruzar la frontera, un militar me guió al cuartel de policía, donde me comunicaron que el autobús no era medio de transporte seguro para mí y decidieron escoltarme hasta la ciudad de Quetta. Ante la imposibilidad de negarme a tal oferta, acepté enormemente agradecido.

Durante tres días, me fueron trasladando de puesto de control en puesto de control, cambiando de vehículo en todos ellos, descargando y volviendo a cargar la bicicleta con todo el equipo en cada relevo. Los escoltas policiales compartieron conmigo su comida y sus lugares de descanso y me hicieron sentir a salvo y protegido.

En la tarde del tercer día, el coche escolta en el que viajaba se detuvo en un puesto de control para que cambiara nuevamente de vehículo. Pero enseguida me percaté de que la situación era diferente a la de los anteriores relevos. Había más presencia militar y una larga caravana de vehículos que se adentraba en las montañas por la carretera que avanzaba desde mi posición. Justo en el preciso momento en el que me asomé por la parte superior de la furgoneta Pick Up, fui testigo de la enorme detonación que destrozó el autobús con 40 pasajeros en su interior.

Rápidamente salté del vehículo y me puse a cubierto de las ráfagas de disparos en respuesta a la explosión, corriendo detrás del muro de una pequeña casa. Esperé a cubierto de las balas hasta que los policías me indicaron que volviera al vehículo, para trasladarme a un cuartel situado a 5 kilómetros, donde pasé la noche.

A la mañana siguiente, fui escoltado de nuevo para cruzar la carretera en la que sufrí el atentado. Viajaba con un conductor y un policía armado. Me senté en la parte trasera del vehículo y al cabo de unos minutos lanzaron una granada de mano contra nuestro vehículo, que detonó a escasos metros, impactando una esquirla metálica de metralla en mi cabeza. Aturdido por la explosión, el zumbido en mis oídos y la sangre que brotaba de la herida, me dejé caer en el suelo de la furgoneta junto al escolta. El conductor aceleró para escapar de los numerosos disparos que estaba recibiendo el vehículo, y rápidamente me llevaron a una clínica situada a 15 kilómetros.

Solo yo recibí atención médica, puesto que tanto el escolta que viajaba conmigo en la parte trasera, como el conductor, resultaron ilesos. Por suerte, la metralla solo me había rozado la cabeza provocándome una herida superficial.

Rápidamente, me trasladaron al hospital militar de la ciudad de Quetta, donde me hicieron un chequeo completo.

Después de todas las atenciones hospitalarias, me llevaron al cuartel general donde capitanes y generales preocupados por mi seguridad, me pusieron en contacto con mi embajada para ser evacuado de la región de Baluchistán.

Fui trasladado al aeropuerto bajo la escolta militar, donde me embarcaron en un avión destino Lahore.

Estaré eternamente agradecido a fuerzas de seguridad pakistanies, a mi embajada y al Ministerio de Asuntos Exteriores.

Lamento que solo se oiga hablar de lo que ocurre en Pakistán cuando un occidental como yo sufre un atentado. La realidad de los ciudadanos de este país es durísima, viven con un conflicto bélico en la puerta de su casa y lamentablemente muchos policías y militares dan su vida para defender a la población.

Por último aclarar que en el momento del ataque el coche en el que viajaba, estábamos solos en la carretera y que los seis policías que lamentablemente perdieron la vida, no murieron en ataque que sufrió mi vehículo. Afortunadamente tanto el conductor como el escolta que viajaban conmigo y yo, salimos con vida.

Después de todo lo vivido, he pedaleado de nuevo para seguir adelante de nuevo con mi reto deportivo. Y seguiré informando desde este blog de mis andanzas. Gracias a todos y hasta pronto.

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