De Argentina a Uruguay

Etapas:

11/06/2015 Villa Angostura – San Carlos de Bariloche (90 Km).

12-17/06/2015 Descanso en San Carlos de Bariloche.

18/06/2015 San Carlos de Bariloche – Confluencia (77 Km).

19/06/2015 Confluencia – Paso Flores (43 Km).

20/06/2015 Paso Flores – Piedra del Águila (97 Km).

21/06/2015 Piedra del Águila – Picún Leufú (98 Km).

22/06/2015 Picún Leufú – Villa el Chocón (57 Km).

23/06/2015 Villa el Chocón – Neuquén (84 Km).

24/06/2015 Neuquén – Allen (26 Km).

25/06/2015 Allen – Fortín Lagunita (63 Km).

26/06/2015 Descanso en Fortín Lagunita.

27/06/2015 Descanso en Fortín Lagunita.

28/06/2015 Fortín Lagunita – Chimpay (110 Km).

29/06/2015 Chimpay – Choele Choel (56 Km).

30/06/2015 Choele Choel – Río Colorado (144 Km).

01/07/2015 Río Colorado – Km 816 (54 Km).

02/07/2015 Km 816 – Medanos (102 Km).

03/07/2015 Medanos – Bahía Blanca (53 Km).

04/07/2015 Descanso en bahía Blanca.

05/07/2015 Bahía Blanca – General Dorrege (103 Km).

06/07/2015 General Dorrege – Tres Arroyos (113 Km).

07/07/2015 Tres Arroyos – Necochea (152 Km).

08/07/2015 Necochea – Mar del Sur (88 Km).

09/07/2015 Mar del Sur – Mar del Plata (78 Km).

10-15/07/2015 Descanso en Mar del Plata (20 Km).

16/07/2015 Mar del Plata – Pirán (95 Km).

17/07/2015 Pirán – Maipú (54 Km).

18/07/2015 Maipú – Dolores (71 Km).

19/07/2015 Dolores – Samborombon (123 Km).

20/07/2015 Samborombon – Buenos Aires (111 Km).

21-26/07/2015 Descanso en Buenos Aires (87 Km).

27/07/2015 Buenos Aires – Carmelo (43 Km).

Argentina

El paso de Samoré me había dejado sin fuerzas, tenia la ropa totalmente calada por la nevada y me estaba congelando. Llevaba mucho tiempo sin sentir calor. Cuando descendí del Paso y llegué al puesto fronterizo argentino, el clima mejoró pero seguía con el frío atravesándome los huesos.

Pedalee hasta Villa la Angostura mientras se hacía de noche y busqué la estación de bomberos para ver si me podían hospedar, pero no hubo suerte. La gendarmería estaba cerca, así que también probé suerte. Llamé a la puerta de la estación de policía y me recibió el teniente. Conversamos y me pidió que le siguiera hasta un quincho, no tenía ni idea de lo que era pero le seguí. Llegamos a una casita de la parte trasera de la comisaría, entramos y sentí la calefacción abrazándome. Perdóname hijo, me decía el teniente, estamos de reformas y no hay camas, tendrás que dormir en el suelo. Creo que no era consciente de lo destrozado que estaba y que aquel quincho era para mi un palacio, me dieron ganas de besarle los pies.

Por fin entré en calor después de semanas de pedaleo bajo la lluvia y una noche en el Paso de Samoré rodeado por la nieve. Sequé la ropa en condiciones y dormí con una pierna fuera del saco del calor que pasé.

Por la mañana avancé hasta San Carlos de Bariloche, donde me estaba esperando para hospedarme Miguel, un ciclista de Warmshower. Estuve casi una semana de relax, reponiendo fuerzas y quizás preparándome psicológicamente para cumplir 29 primaveras. Las nieves estaban a punto de llegar al famoso centro de esquí y quería salir de la ciudad antes de que me complicaran más la ruta.

Diario Argentina foto 1(Llegada a San Carlos de Bariloche)

Salí un jueves por la mañana a -6ºC, el sol calentaba y brillaba en un cielo azul, pero el viento te recordaba que realmente te estabas congelando. Me detuvo un coche de una radio local, querían saber de donde venía y a donde iba, accedí encantado a hacer una entrevista en directo. Llamaron a la emisora, conteste las preguntas en un lado de la carretera y fui educado, como siempre. Pero el periodista se las daba de gracioso y reconozco que a la tercera vez que dijo: “Te estas quedando colorado del frío…” me dieron ganas de partirle los dientes. Soy una persona divertida, o eso quiero creer, bromista y cercano, pero detesto que alguien que no conozco se tome esas confianzas para reírse de mi nombre. Pero en fin, me despedí y comencé el largo trayecto de 1000 kilómetros por el norte patagónico hasta Bahía Blanca.

La primera noche acampé a orillas del Embalse Alicura. Hacía demasiado frío y la hoguera era insuficiente. A lo largo de 150 kilómetros el paraje estaba inhabitado, pero a la mañana siguiente me tope con el puesto de Choripanes y Churrascos del señor Hugo. Este veterano de la Guerra de las Islas Malvinas había convertido su camioneta en un puesto ambulante de comida, además de ser su cobijo para pasar las largas noches cerca del Paso Flores.

Diario Argentina foto 2(Colorado On The Road junto al señor Hugo)

Después de una buena merienda decidí acampar con él y conocer de primera mano que significó para el pueblo argentino el conflicto aeronaval. Le hablé de las experiencias más tensas de mi viaje y el compartió conmigo vivencias de sus años en activo. Antes de ir a dormir me regaló una manta que me acompañaría por toda la Patagonia, aunque las historias de Hugo me acompañaran toda la vida.

Por la mañana nos despedimos con un apapacho (“Abrazo¨ en Mapuche”), y después de escalar 18 kilómetros por la ladera de una montaña, a las 19:00 pm hora en Argentina y las 00:00 pm hora en España, me detuve en mitad de la pampa para observar el atardecer de mi 29 cumpleaños. Conseguí llegar por la noche a Piedra del Águila, no me apetecía acampar así que fui a la estación de autobús donde me dejaron dormir protegido por la calefacción.

Con el calor de la mañana me puse en marcha con un cumpleaños mas en mis espaldas. El día fue perfecto, el sol brillaba sin una sola nube en el cielo, me crucé con varios ñandúes corriendo por la llanura, el viento soplaba a favor y avance 98 kilómetros casi sin esfuerzo. Llegué a Picún Leufú dos horas antes del anochecer, compré un par de cervezas, un modesto asado, acampé junto a unas parrillas y me preparé para mi peculiar fiesta de cumpleaños.

Fui a buscar leña por los alrededores y cometí el error de descuidar el asado. Aunque nunca perdí de vista mi campamento, un perro callejero vio la oportunidad y me robó con mucho sigilo la bolsa con la comida del aniversario, menudo cabronazo! No podía dejar la tienda sola por lo que tampoco podía ir de nuevo a la carnicería. Por fortuna conocí a Jesús, un argentino que se acercó a conocerme y que casi se parte en dos de la risa cuando le conté como había perdido mi cena de cumpleaños. Al final fue a por otro asado, trajo más cerveza y me invitó, un buen final.

Diario Argentina foto 3(Esperando a que vuelva el perro cabrón mientras preparaba el modesto asado cumpleañero)

La carretera de la Ruta 22 no fue tan amigable conmigo. Es muy estresante pedalear por una carretera tan angosta, sin arcén asfaltado y con intenso transito de camiones. Muchos coches me adelantaban dejando menos de 20 cm de separación a más de 120 km/h, y cuando se cruzaban dos camiones tenía que salir despedido de la carretera para lanzarme al pasto para evitar que me arrollaran.

Los días eran demasiado breves y anochecía muy temprano. Por las mañanas salía el sol muy tarde y además siempre helaba, por lo que hacía aun más difícil ponerse en marcha cada jornada. Si tenía suerte el viento soplaba a favor, pero cambiaba de un día para otro, por lo que pasaba de hacer una etapa de 140 a 55 kilómetros por la variación de viento. Pedalear en contra de la masa de aire es como si los frenos se hubieran quedado anclados y alguien estuviera empujando tu cabeza hacia atrás.

Por le camino me hablaron del Fortín Lagunita como un sitio ideal para descansar, y como estábamos en pleno invierno estaría totalmente vacío. Llegué con intenciones de estar solo un noche y al final pase tres. Era un lugar muy tranquilo a orillas del Río Negro, rodeado de naturaleza y alejado de la carretera. En Argentina la carne es tan exquisita y barata, que cada día hice tanto para comer como para cenar un buen asadito.

Con el sol pasaba las horas paseando y reflexionando, y con la luna permanecía junto a la hoguera eclipsado por las llamas. Llevaba tiempo que no usaba a mi querido sombrero de los desiertos, estaba lleno de agujeros y la tapa de la cabeza estaba colgando, ya no aguantaría mucho más. La idea de tirarlo a la basura para que acabara en un triste basurero me parecía indigna para tal guerrero, así que decidí darle una despedida mas honorable.

Aprovechando la intimidad del Fortín, preparé una pira funeraria y coloqué en la cima al compañero que me siguió durante 20.000 kilómetros. Dije unas palabras recordando su gran historia y luego lo vi consumirse en cenizas en una breve despedida. Me pareció el mejor de todos los finales para este incansable luchador.

Continué el viaje sin la protección del sombrero de los desiertos. Lo único que me animó en aquel momento fue llegar a la ciudad de Río Colorado. Desde Choele Choel pedalee 144 kilómetros de pampa con la ayuda del viento, conseguí aterrizar bien entrada la noche en un restaurante de una vía de servicio a la entrada de la ciudad, y un hombre se me acerco diciendo: “Ole, ole y ole lo que estás haciendo, me llamo Martín Marino y soy triatleta”. Entramos al restaurante donde me presentó a su amigo y periodista, Jorge DiSpagna. Me invitaron a cenar mientras nos íbamos conociendo. Ellos estaban en la ciudad por negocios y no se lo pensaron ni un segundo para también invitarme al hotel donde se estaban alojando. Al día siguiente volvieron a su hogar en Mar del Plata, donde quedamos en reencontrarnos y así poder conocer bajo su hospitalidad La Perla del Atlántico.Diario Argentina foto 4

(Jorge DiSpagna, Colorado On The Road y Martín Marino)

Yo volví a mi rutina. Con comida y agua suficiente me lancé a dormir en algún inhóspito lugar de la Patagonia. Sumergiéndome en la oscuridad y la quietud de las solitarias llanuras, mientras el calor y la luz de la hoguera me recuerdan que mi hogar solo es un palo cubierto por una tela, y un jardín que llega hasta el horizonte.

Con tres jornadas conseguí alcanzar Bahía Blanca, descansé un día completo para cargar las pilas y continué 500 kilómetros hasta Mar del Plata. Este paso tuvo un gran significado para mí, ya que después de más de un año viajando hacia el Sur ahora cambiaba de rumbo para volver hacia el Norte. Esta variación me llevo a revisar mi itinerario inicial y analizar el considerable retraso que arrastro. En muchos tramos voy más lento de lo esperado, he hecho ampliaciones de la ruta y algunas paradas han durado semanas, cuando inicialmente pensaba que durarían días. Básicamente he ido mejorando el viaje sobre la marcha y me lo he tomado con calma cuando he encontrado un lugar en el que me he sentido cómodo. Me dejo llevar por la hospitalidad de las personas que mi camino me lleva a conocer, y Argentina no es la excepción.

A mi llegada a Mar del Plata la primera mañana hice una entrevista en la radio Acqua, donde es locutora Julia, hija de Jorge DiSpagna. Me dejé envolver por la dulce voz de la joven vocalista, quien hace poco tiempo demostró su talento como cantante al quedar finalista en el televisivo concurso de Operación Triunfo. Mis gustos musicales fue un tema que salió durante la entrevista, así como mi pasión por Kurt Cobain como una de las mayores influencias artísticas que he tenido.

Diario Argentina foto 5(Colorado On The Road en la Radio Acqua junto a Julia y Jorge DiSpagna)

Por la tarde me recibió Martin Marino con su familia, me habían preparado su quincho para que me instalara y disfrutara de un espacio en el que desconectar. Durante una semana repuse fuerzas a base de buena comida y salí a conocer la ciudad. Visitando la reserva de lobos marinos del puerto no pude evitar echar una mira al Atlántico imaginando mi tierra al otro lado. Un día Martín preparó Mondongo, un plato típico argentino parecido a los callos madrileños que me hizo volver a sentir el calor de mi ciudad. El apoyo de mis nuevas amistades me fortalecía, a la vez que la melancolía me debilitaba.

Diario Argentina foto 6(Colorado On The Road, Martín Marino y familia)

Un día salimos a tomar unas cervezas Jorge, Martín y yo. Hablando y bromeando Jorge me dijo algo que me hizo pensar mucho: “Colorado, tu puedes hacer este viaje en solitario porque tienes mucha vida interior…”. Creo nunca había analizado esa característica mía hasta ese momento. Sentí que una nueva puerta se abría y como una parte de mí se iluminaba ante mis ojos. Había dado en el clavo.

Me hizo pensar en la cadena de una bicicleta. Cada eslabón es igual de importante a sus vecinos hasta que la corona gira y vuelve a una pieza la protagonista del movimiento que impulsa las ruedas, la aventura, la pasión, la vida. Las cualidades de una persona son eslabones de una cadena, cada una igual de importante que las demás, hasta que una situación las vuelve protagonistas del movimiento que nos hace avanzar en el camino de una sola dirección en el que todos vivimos. Me es difícil explicar este sentimiento, pero el resultado de él es que sigo adelante.

Diario Argentina foto 7(Colorado On The Road pedaleando en la Patagonia)

Más tranquilo y motivado, dedico el último día en Mar del Plata para recaudar fondos repartiendo postales en el centro. A primera hora de la tarde me rencuentro con Julia para tomar una café de despedida, y me sorprende con un regalo que me llenó de ilusión, una camiseta de Nirvana. A primera hora de la mañana, antes de que el sol hubiera salido, me acerque a la Plaza España para hacer una entrevista en directo para un canal de televisión mar platense. Me despedí con mucho cariño de la ciudad y de todas las personas que me habían cuidado.

Durante varios días pedalee hasta Buenos Aires, y fue una entrada tranquila a pesar de ser una ciudad con 15 millones de habitantes. En el centro me estaba esperando un cicloviajero belga, Sebastien. Le había conocido a través de la prensa y después de transmitirle mi apoyo para superar la difícil situación que estaba atravesando, me ofreció hospedaje en su casa.

Sebastien estuvo pedaleando durante un año por Sudamérica decidido a conocer una ciudad en la que instalarse. Desde el primer momento Buenos Aires le cautivó, así que dio por finalizada su búsqueda. Pasó más de un año trabajando de fotógrafo en la capital porteña utilizando como transporte su querida bicicleta, Anai. Pero un día después de dejarla estacionada y anclada, volvió y ya no estaba. Sebastien movió cielo y tierra en todos los medios de comunicación para recuperar a su compañera, ofreciendo una sustanciosa recompensas a quien se la devolviera, pero no resultó.

Mucha gente pensaría que es una exageración, que porque no se compra otra bicicleta y punto, pero yo le entendía a la perfección. No se trata de un frío trozo de metal, se trata de un compañero, un amigo, y en mi caso hasta un miembro de la familia.

Durante unos días recorrí la ciudad a medida que hacía recados. Conocí a Ramiro, del blog Ciclismo Urbano, y fue de gran ayuda con la mecánica de la bicicleta, me regaló unos pedales que necesitaba urgentemente e hizo de guía por la capital. Una tarde estábamos tomando una cerveza y Ramiro se dio cuenta de que estaba demasiado distraído. Cuando me pregunto no pude evitar desahogarme y reconocerle lo agobiante que es en muchos momentos viajar sin dinero, encarar situaciones que con plata se resolverían fácilmente, pero que sin ella tienes que esforzarte más que nunca por encontrar la solución alternativa y hacerla realidad. Reconozco que es un estilo de vida muy emocionante, pero ocasionalmente satura. Pero Ramiro me recordó algo que parecía haber olvidado: “Da igual que te mires los bolsillos y no encuentres ni un peso, te estas dando la vuelta al mundo y eso no tiene precio amigo, eso es eterno.”

Diario Argentina foto 8(Colorado On The Road y Ramiro en la Plaza España)

Fui al estudio de Metro Radio para hacer una entrevista en directo y fue todo un éxito, muchos argentinos me escribieron después de escucharme en la radio. Antes del fin de semana hice la mudanza a la casa de Franco, un follower dedicado a seguir mi aventura por el mundo desde mis primeras pedaladas.

Siempre me sorprende infinitamente conocer a personas que siguen mi viaje casi desde los inicios. Franco y su familia se las sabían todas, hacían preguntas detalladas que me refrescaban la memoria. Por lo general suelo contar una serie de historias típicas, pero es una gozada hablar con personas que valoran todo el esfuerzo que significa documentar el viaje, que lo siguen activamente y que se interesan por cosas de mi día a día que mucha gente pasa por alto.

Diario Argentina foto 9(Colorado On The Road junto a Santiago y Franco)

El fin de semana me acerque a la Plaza de Mayo para recaudar fondos repartiendo postales. De vuelta a casa seguí compartiendo anécdotas del viaje con Franco, y me dejé llevar por su la pasión futbolera hacia el Vélez. La última noche deguste un tremendo asado como homenaje, aunque también fue como despedida.

La vida de un viajero es muy ajetreada en las paradas. Una ciudad no es un lugar de descanso o turismo, sino un centro de avituallamiento, trabajo y organización para poder continuar el viaje. Vivimos y disfrutamos del camino, no lo que hay al final. La semana que pasé en Buenos Aires me paso factura, fue tremendamente productiva y ociosa, pero recorté muchas horas de sueño para aprovechar al máximo cada día. El cansancio psicológico me había llevado a un atasco en mi vocalización, en ocasiones tartamudeaba y no podía hablar con fluidez. Esto me estresaba mucho porque siempre soy una persona muy elocuente. La solución era muy sencilla, dormir.

Diario Argentina foto 10(Repartiendo postales en la Plaza de Mayo)

Me despedí de Argentina pedaleando los últimos 30 kilómetros por la ciudad hasta llegar al puerto de Tigre, y embarcarme en un trayecto de una hora por el Mar de la Plata hasta Carmelo, Uruguay. En el control fronterizo me hicieron pasar cada bolsa por los Rayos-X, así que separé los 4 cuchillos que siempre porto conmigo para mostrarlos directamente. La única posibilidad para que pudiera viajar con ellos fue que el capitán los transportara en la cabina, pero no había resquicio legal que me permitiera viajar con el tanque de gas con el que cocino los días de acampada. Una perdida que me dejaría sin cocina hasta encontrar el repuesto de reemplazo.

Ya en la embarcación miré hacia atrás alejándome del puerto argentino, y con ello la despedida del país en el que entre otras cosas, había vivido mi 29 cumpleaños. Puede que estuviera rozando los dos años de viaje, pero la percepción del tiempo es inusualmente mucho mas lenta cuando se esta de viaje.

La intensidad de las experiencias diarias, la magnitud de los retos que enfrento cada mañana, las variedades culturales que conozco de forma constante, las personas que entran en mi vida y que comparten conmigo la suya, provocan un importante efecto en mi percepción del tiempo, en el que siento como las semanas pasan como meses y los meses pasan como si fueran años. Según esta progresión yo ya he superado los 50 años de edad, y los 20 años de viaje. Por lo que creo firmemente que la vida no se mide en años, sino en experiencias vividas.

Diario Argentina foto 11(Acampando en la Patagonia Argentina)

Mi sueño de dar la vuelta al mundo es algo evidente. El proyecto personal de documentarlo para mandar un mensaje de superación personal, y con ello animar a tod@s a luchar por sus sueños es una realidad desde hace más de 600 días. Por ello finalizare una vez más un diario de viaje con una frase para reforzar este propósito:

La vida es lo que pasa mientras planeas el futuro.

Vive la aventura.

Aventúrate a vivir!!!

Diario Argentina foto 12

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