Grecia y las Termópilas

grecia-colorado-on-the-roadCuando planifiqué el viaje, podría haber elegido una ruta más directa para llegar al Pakistán. Pero había una parada que, como Javier Colorado, no podía pasar por alto…

Los dos primeros días en Grecia acampé en Grevena y Stravos, después de avanzar más de 120 kilómetros. El tercer día madrugo para ponerme en marcha lo antes posible; ese día iba a llegar a tan ansiada ubicación. Los kilómetros extra, la lluvia, el frio y el terreno montañoso, habían merecido la pena: esa noche, dormiría en las Termópilas.

Lo cierto es que nunca he ocultado mi admiración hacia la batalla de las Termópilas. Y ahora comparto con todos vosotros la fuerza que me dio pasar la noche en ese lugar. A mi llegada al pueblo de las Termópilas me recibe el monumento a Leónidas, sobresaliendo de la oscuridad de la noche iluminado por los focos. En el momento de buscar campamento y pasar la noche, la decisión estaba clara. Javier Colorado dormiría en las mismísimas Termópilas, en su ubicación hace 2500 años junto al monumento a Leónidas.

El día que pasé en Las Termópilas me lo tomé con calma. Desayuné, tome fotos, grabé un par de escenas de video y me dí un baño caliente en las termas. Tenía ganas de pasar otro día más allí, pero sabía que debía retomar la carretera. Por delante me quedaba ascender la costa griega del mar Egeo hacia Thessaloniki, para una vez allí poner rumbo a Turquía y luego al Pakistán. La lluvia y el frio me siguieron haciendo el camino más duro, pero cada vez me afectaba menos. Una esperada noticia me animó a continuar más, pero a la vez ganas de volver a  mi hogar con mi familia. Mi sobrino Álvaro había nacido. De un día para otro, sin darme cuenta entre pedalada y pedalada, ya era tío. Con las tecnologías de hoy en día se hace más llevadero el contacto con los seres queridos, pero la melancolía no desaparece. Lo más importante es que  todo salió según lo previsto y que tanto mi hermana como mi sobrino estaban bien.

Antes de llegar a Thessalonniki, hice una pequeña desviación para hacer una parada igual de necesaria que la de  las Termópilas. Visité el pequeño pueblo de Pella, ciudad natal de Alejandro Magno. La historia de este sobrenatural hombre nunca me ha dejado indiferente; y después de leer la novela biográfica del escritor Valerio Massimo Manfredi, mi admiración por Alejandro Magno es aún mayor. De hecho, llamó a mi bicicleta Orbea con el mismo nombre que él llamó a su caballo: Bucéfalo.

Dejó atrás Europa y encaro Oriente Medio. Me esperan Turquía, Irán y el Pakistán, desde donde alcanzaré el sudeste asiático. El viaje para mi, Javier Colorado, toma una nueva perspectiva: cruzar esta extensa área en pleno invierno pondrá, sin duda, a prueba mi moral.

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