Triunfadores

Triunfadores

Y el muchacho, así medio bajito, así demasiado tímido, así demasiado enclenque, o quizás así demasiado ambas cosas como para aparecer en la portada de Men’s Health, subió al escenario y recogió su quinto Balón de Oro. “Esto es mucho más de lo que soñaba cuando era chiquito…”, dijo. Y después soltó el balón y, con él, la habitual retahíla de frases hechas: “Y quiero agradecérselo al fútbol porque, con lo bueno y lo malo, me ha hecho crecer y aprender todo en la vida…”. Y bla,bla,bla,bla,bla, bla… “Y ehhh… ehhhhhhh…”, añadió por sorpresa, como saltándose el guión. Y bajó…

¡Culpa tuya!

¡Culpa tuya!

“Mire oiga… a mí no me líe que esto ha sido cosa de la serpiente ésa que habla…!”. Fíjate si es antiguo (y ciego) esto de echarle la culpa de absolutamente todo a los demás, que hasta el primer ser humano que la cagó (y además así, a lo grande) prefirió culpar a una serpiente que pasaba por allí (sin preocuparse demasiado porque el bicho hablara…) antes de asumir que a lo mejor ese día tendría que haberse zampado un brócoli en lugar de una manzana…    Y, claro, de ahí a señalar con un dedito a tu compi de guarde,…

Insustituible

Insustituible

Y el tipo se subió a la barandilla del balcón, dió dos o tres saltitos de nadador, apenas perceptibles, y se lanzó al vacío (“¡hop!”), y se rompió las piernas, tres costillas y un brazo, y se hizo una leve conmoción cerebral, y aún en el suelo, medio inconsciente, tuvo tiempo de retorcer la cara en un gesto de absoluta incomprensión. ¿Qué podía haber fallado? ¿No se trataba de que si te lo propones puedes conseguirlo TODO? ¿Es que no se había propuesto suficientemente en serio volar aquella mañana? ¿Dónde coño estaba a las 8:07 AM, hora del salto, ese Universo…

“¡¡¡Gorda!!!”

“¡¡¡Gorda!!!”

“¿Qué hace una gorda como tú yendo a un sitio donde se promociona una revista de cuerpos perfectos? Lo único que vamos a hacer allí es reírnos de ti…”. La gorda (no hacía falta que se lo subrayaran, era más que consciente de ello) miró por segunda vez el mensaje anónimo en la pantalla de su móvil. Lo apagó y se puso a deshacer la bolsa. El día antes, la gorda había llenado el depósito de su coche hasta los topes: tenía que recorrer más de 800 kilómetros hasta Barcelona. También se había ocupado de dejar a su perro al…

Mi Kriptonita

Mi Kriptonita

Receta para convertir a un director de Men’s Health y casi casi un Supermán (Si Bustamante puede, yo también) en una rata con capa. Coja al director en cuestión (si está bien fresco, mejor). Póngalo a trabajar frenéticamente en un número de la revista con tres portadas diferentes (la oficial, la de suscriptores y la del suplemento de moda). Deje que se vaya haciendo poco a poco. Añádale un vuelo a las 7 de la mañana justo el día después, 4 o 5 cambios de última hora, una fecha especial y un par de “¡¡¡un tío tatuao en la portada!!!,…

El mono listo

El mono listo

Cuidadito, que las galletas de la suerte las carga el diablo. Y no lo digo sólo porque a  veces parezcan escritas por el mismo mono borracho con una Olivetti que se encarga de redactar las instrucciones de TODO lo que compramos en los bazares chinos (por cierto, felicidades desde aquí por lo de “cuando en uso mantener mechero a distancia de su cara”, chaval). Lo digo porque si un día así medio raro, así medio complicado, así medio de que te meterías en la primera consulta de tarot que vieras, te da por abrir una (así como haciendo el tonto, así como…