El Grinch

editorial-diciembre

El espíritu navideño es más pegajoso que ese caramelo de menta que coges distraídamente en la sala de espera de tu dentista y te arranca los puentes y los empastes antes de que puedas decir flúor. Ya puedes ponerte en modo Mr. Scrooge, que en cuanto bajas un poco la guardia se te llena la boca de polvorones y el despacho de renos, y te descubres escribiendo estas líneas mientras suena en Spotify el especial navideño de Michael Bublé y vas siguiendo el ritmillo con el pie…

“Oh, oh… Estoy perdido…”, piensas mientras luchas contra el impulso de arrancarte tu bailona extremidad. Y sí: estás perdido. Porque a partir de ahí, todo te sabe a Navidad. TODO.

Para intentar quitarte el muérdago del paladar de una vez por todas (y tras pasar de puntillas al lado de un reportaje sobre versiones fit de platos navideños, no sea que se despierten y se te lancen al cuello), te pones a repasar la entrevista con ese rudo equipo de rugby que protagoniza el editorial de moda del mes. “Estas bestias pardas no me decepcionarán”, piensas mientras abres el documento con tu mejor sonrisa de Grinch. “Más que un equipo, somos una piña, un grupo de amigos bien avenidos que se echan de menos cuando no están juntos…”. “Muchos venimos de fuera y a veces nos sentimos solos, así que esto se ha convertido casi en una familia…”. Un momento… ¡¡¡Qué mundo es este en el que un grupo de aguerridos jugadores de rugby se transforma en un anuncio de El Almendro!!!

Desesperado, buscas refugio en la más dolorosa y descarnada actualidad. “¡Trump!”. “Trump no me fallará!”. “¡Es Mr. Scrooge, el Grinch y Bad Santa, todo en uno y con mal pelo!”.

Trump. Google. Noticias. “Hillary Clinton reconoce en su primera comparecencia tras la derrota que ‘durante esta semana, lo único que quería era estar en casa con los míos, acurrucarme con un buen libro y nuestros perros, y no volver a salir…”. Y antes de que tengas tiempo de imaginártela adornando el árbol con Bill y bebiendo ponche de huevo delante de la chimenea, un anuncio se abre a traición y te mete por los ojos a Carmina, una adorable profesora jubilada capaz de movilizar a todo un pueblo con su ternura y con su despiste… y de hacerte saltar una lagrimilla que te limpias furtivamente mientras, con tu último aliento antinavideño, consigues entrar en esa web que tanto te entretiene. La de los datos curiosos hasta reventar. La de las noticias tan estrafalarias que no parecen reales pero lo son.

“El ADN humano es idéntico al ADN de un plátano en un 50%”. O sea: que un plátano y yo compartimos el 50% de nuestro ADN. O sea: que soy medio plátano. “Je, je”, piensas, “esto es bueno… Jeje…”. Y dejas volar la mente y te descubres pensando en tus coloridas cenas navideñas con amigos y familia, y en que eso de ser medio plátano no debe estar tan mal siempre que tengas un buen frutero bien repletito de compañeros de todo pelaje, algunos exóticos, otros ácidos y hasta alguno con pinchos, pero frutas todos… Y entonces te das cuenta de que no hay escapatoria y te rindes al espumillón, y al musgo, y empiezas a seguir el ritmo de Bublé con el pie traidor y con el otro, el único digno que te quedaba. Feliz Navidad.

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