El mono listo

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Cuidadito, que las galletas de la suerte las carga el diablo. Y no lo digo sólo porque a  veces parezcan escritas por el mismo mono borracho con una Olivetti que se encarga de redactar las instrucciones de TODO lo que compramos en los bazares chinos (por cierto, felicidades desde aquí por lo de “cuando en uso mantener mechero a distancia de su cara”, chaval). Lo digo porque si un día así medio raro, así medio complicado, así medio de que te meterías en la primera consulta de tarot que vieras, te da por abrir una (así como haciendo el tonto, así como buscando LA respuesta), es más que probable que el papelito te acabe explotando en la cara.

“Los sucesos extraños enriquecen tu vida”, me escupió la mía en el peor momento. Uno de esos en los que todo parece tambalearse bajo tus pies; en los que algunos de los anclajes que te mantenían bien sujeto a tierra firme se desvanecen como las nubes sonrientes y traidoras del Super Mario Bros.    

“Los sucesos extraños enriquecen tu vida… O sea, que dice el mono que todo lo que me está pasando es como Avecrem para mi día a día. No te jode… ¿A ti qué te ha salido?”, le pregunto al amigo con el que siempre hay que hacer este tipo de cosas. “Que tengo un destino maravilloso por delante”. “Fantástico…”. Fuerzo una sonrisa y me pongo a masticar mi galleta como si no hubiera un mañana.

Y lo que también mastico más tarde es la maldita frase. “Los sucesos extraños enriquecen tu vida”. ¡A ver si va a tener razón el maldito mono! A ver si esas situaciones excepcionales en las que hacemos o nos pasan cosas que se escapan de nuestro día a día (ya se trate de una crisis o de unas vacaciones) son la mejor excusa para reinventarse, para luego volver a la “realidad” con la lección aprendida. A ver si el truco es aprovechar los “sucesos extraños” para darle a la inercia con un periódico enrollado en el morrete, para descubrir (sin miedos) que a lo mejor no eres quien pensabas ser, sino alguien mucho mejor… o al menos alguien capaz de seguir aprendiendo.

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