Hay que saber ganar …

mh174_edito-1

Oye… ¿Y cómo es en persona?” “¿Es simpático?” “¿Es cercano?” “¿Es humilde?” “¿Es un buen tipo?” “¿Es amable?” “¿Es….?” En los últimos días me he enfrentado a decenas de variantes de la misma pregunta, que, sospecho, tenían un par de cosas en común. TODAS estaban formuladas con el colmillo más bien retorcido y TODAS estaban esperando (deseando, diría yo) recibir la misma respuesta: un morboso “NO” con su jugoso añadido correspondiente, claro. “No, es superantipático”, “no, es un pedazo de divo”, “no, es un prepotente”, “no, es borde a morir”… Y todo por haberme pasado un rato jugando al futbolín y entrevistando a una de las personas más famosas del mundo.

Es cuanto menos curioso. El mismo día también me tocó compartir escenario y charla con toda una leyenda del baloncesto, y con la deportista española más laureada en los Juegos de Río. ¿Y sabes qué? A nadie le dio por preguntarme si Pau era un buen tipo, o si Mireia era amable y cercana…

img_2079

Claro que, bien mirado, a nadie tampoco le dio por plantearme la que me parece una cuestión muchísimo más interesante que todas las anteriores: “¿Tienen estas tres superestrellas del deporte algo en común?”.

Porque sí. La respuesta es un SÍ. Sin morbo y sin añadidos. El Cristiano que me confesaba que en cuanto acabara todo aquel tinglado se iría a jugar con su hijo, el Pau afónico que se partía de risa por su falta de voz y tranquilizaba a alguien (¿su madre?) por WhatsApp y la Mireia que compartía secretos con la maquilladora mientras le señalaba a dónde habían ido a parar los tres kilos que había puesto desde las Olimpiadas, tenían algo en común: los tres parecían tener muy claro lo que es realmente importante.

Los tres parecían vivir con la cabeza en el Olimpo y con los pies en el suelo. Los tres parecían haber oído aquella frase que dijo una vez Cate Blanchett, una de las mejores actrices del mundo: “Ganar un Oscar está bien… Pero un Oscar no te abraza por las noches”.

Los tres parecían sospechar que un Balón de Oro y una medalla olímpica… tampoco. Y los tres, estoy seguro, hubieran respondido a los “¡qué suerte tienes, tío, que has estado con Cristiano Ronaldo!” con la misma frase que yo.

“No. Qué suerte tengo, tío, que tengo a alguien a quien llamar para contarle cómo me ha ido”.

sign