Insustituible

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Y el tipo se subió a la barandilla del balcón, dió dos o tres saltitos de nadador, apenas perceptibles, y se lanzó al vacío (“¡hop!”), y se rompió las piernas, tres costillas y un brazo, y se hizo una leve conmoción cerebral, y aún en el suelo, medio inconsciente, tuvo tiempo de retorcer la cara en un gesto de absoluta incomprensión. ¿Qué podía haber fallado? ¿No se trataba de que si te lo propones puedes conseguirlo TODO? ¿Es que no se había propuesto suficientemente en serio volar aquella mañana? ¿Dónde coño estaba a las 8:07 AM, hora del salto, ese Universo entero que se supone que conspira para ayudarte a conseguir lo que sea si te lo propones realmente?

“¡Me cago en Paulo Coelho!”, pensó antes de quedarse inconsciente.

Alberto Rey, el tipo que mejor escribe de series (y de otras cosas) en este país, decía el otro día que se sentiría un miserable si tuviera que escribir un libro de autoayuda. Que querer no es poder. Que proponérselo no sirve. Que el Universo tiene cosas mejores que hacer que conspirar para cumplir tus sueños. Que simplemente NO funciona así. Y tenía razón. Aferrarse a una frase (puro humo) que ha hecho fortuna a base de ser repetida machaconamente sería miserable.

Pero tampoco se trata de culpar al pobre Coelho hasta del asesinato de Kennedy. Ese “si te lo propones puedes conseguirlo todo” es sólo el vértice de una peligrosa pirámide construida con monolíticas sentencias (casi mantras) que, a fuerza de oír hasta la náusea, todos hemos acabado interiorizando. Y no, amigo: el tipo que saltó por el balcón hace unas líneas, mientras el Universo, aparentemente, estaba de cañas, te demuestra que no puedes conseguir todo lo que te propongas. Yo mismo podría explicarte tres o cuatro historias que derrumban aquello de que “a todo cerdo le llega su san Martín”, compartir contigo (y con dos copas) lo que he sufrido y he hecho sufrir con lo de “verás… no eres tú, soy yo…”, o hasta, si me pongo gracioso, insistir en que “abrefácil” sea incluido en este grupo de peligrosas falsedades de cajón.

Pero hoy, mientras escribo estas líneas, me hierve la sangre por una en concreto. Por esa, rabiosamente capitalista, que afirma, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que “nadie es insustituible”. Porque hoy se me larga una pieza fundamental en mi equipo. Porque gracias a eso me doy más cuenta que nunca de que lo de que “nadie es insustituible” es un invento de los de arriba para mantenernos paralizados. Para que vivamos sintiéndonos peones atemorizados de que en cualquier momento alguien nos tumbe en el tablero y saque de la cajita a otro más nuevo, más barato, más reluciente, menos problemático. Y no: lo sustituible son los cargos, los puestos de trabajo, pero no algunas personas. Y Gerard Solé, el hasta hoy mismo director de moda de Men’s Health, es una de ellas.

Gerard se va porque quiere y porque puede. Porque es un valiente y, sobre todo, porque sabe que es insustituible. Y eso siempre da mucha fuerza. Tómalo como ejemplo.

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