¿Los nuevos 30?

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“La frase está ahí. Al alcance de tus ojos, a poco que te dé por leer algún tema relacionado (aunque sea muy de pasada) con la madurez. “¡LOS 40 SON LOS NUEVOS 30!” Se lee en diarios, en revistas o en refulgentes artículos online. “¡LOS 40 SON LOS NUEVOS 30!” Proclaman a voz en grito tertulianos radiofónicos, colaboradores televisivos y hasta youtubers. “¡LOS 40 SON LOS NUEVOS 30!” Tuitea Twitter, instagramea Instagram y facebookea Facebook.

Y no hay que culparlos. Porque, vamos a ver… ¿Quién puede resistirse a tirar de una frase tan fácil, recurrente y, a la vez, tan sumamente reconfortante para el público “viejuno” al que va dirigida? Pues eso…

Pero amigo, todo pasa y todo caduca, y ya va llegando el momento de darle puerta a una frasecita que, a fuerza de repetirse, ha acabado convertida en un endeble lugar común. Porque, en realidad, ¿por qué narices tienen que ser los 40 “los nuevos 30”? ¿Quién quiere volver a ellos? ¿Por qué los 40 que nos tocan vivir no pueden ser simplemente “los nuevos 40” (si de lo que se trata es de buscar etiquetas que dejen meridianamente claro que los juveniles y frescos cuarentones de ahora no tenemos NADA que ver con nuestros ajados predecesores)?

Es más. Yendo un poquito más lejos: ¿Por qué no dejamos de dar la tabarra con numeritos que, no nos engañemos, la mayoría de las veces sólo consiguen hacernos sentir a las puertas del asilo? ¿Por qué no disfrutamos (desde la envidia, desde el orgullo generacional o desde la rabia, allá cada cual con sus paranoias) de los esplendorosos Brad Pitt, Elena Anaya, David Beckahm, Penélope Cruz, Rodolfo Sancho, Jennifer López, Zidane, Eva Longoria, Enrique Iglesias, Hugh Jackman, Angelina Jolie, Jesús Vázquez, Paz Vega, Ricky Martin, Figo o del mismísimo Jorge Fernández, que ocupa esta portada, sin atar su nombre a un pedazo de número que nos recuerde que TODOS han superado ya esa edad dorada que la publicidad, el cine y (sí) también los medios se empeñan en divinizar en detrimento del resto de las etapas de la vida?

Como si superar la treintena fuese sinónimo de ajarse, de pudrirse, de dejar de contar, de volverse transparente…

Has acertado: el que escribe estas líneas es un cuarentón de esos que, si ha dormido bien y tiene un buen día, puede pasar fácilmente por un juvenil treintañero. Pero también es un cuarentón que no volvería a los 30 ni atado. Un cuarentón que mientras existan herramientas tan útiles como el libro que te presentamos este mes de la mano de Jorge Fernández (En forma a los 40, Grijalbo) que le permitan estar, ser y sentirse mejor cada día, no mirará atrás ni para coger impulso.

Benditos nuevos 40.

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