Mi Kriptonita

Kryptonita_OK(A)

Receta para convertir a un director de Men’s Health y casi casi un Supermán (Si Bustamante puede, yo también) en una rata con capa. Coja al director en cuestión (si está bien fresco, mejor). Póngalo a trabajar frenéticamente en un número de la revista con tres portadas diferentes (la oficial, la de suscriptores y la del suplemento de moda). Deje que se vaya haciendo poco a poco. Añádale un vuelo a las 7 de la mañana justo el día después, 4 o 5 cambios de última hora, una fecha especial y un par de “¡¡¡un tío tatuao en la portada!!!, ¿¿pero tú estás seguro??”. Déle el toque de sabor recordándole a las 9:45 de la noche que tiene que escribir este editorial, y… et voilà! Su rata está servida.

Así que no esperéis demasiado de estas líneas…

Y es que no es por quejarme, en serio, pero es que esta noche, a eso de las 2:30 de la mañana, me he levantado de la cama y parecía el extra ese tonto de The Walking Dead que no se aprende las indicaciones y mira a cámara, y se deja el Apple Watch puesto y se hace selfis todo el rato… Pues ese mismo, pero gritando: “¡Es que no puedo dormir! ¡Joder!” (las ratas con capa somos muy de soltar tacos).

Te voy a contar un secreto por si estas frases inconexas y ese pedazo de titular que tienes ahí arriba todavía no te han dado suficientes pistas: la falta de sueño es mi kriptonita. El agotamiento es lo único capaz de transformar mi acero en papel de aluminio. Enséñame dos noches dando vueltas en la cama sin conciliar el sueño y yo te enseñaré a un hombre vencido. Ni rastro de supervelocidad, superfuerza, superoído o superaliento. Nervios crispados, ojeras y arrastrar de pies a puñados, eso sí. Una rata con capa de manual, vamos.

Supongo que lo único bueno del tema es que cuando uno descubre cuál es su kriptonita (¿sabes tú ya cuál es la tuya?) también descubre, como Superman, que aquí no valen ni actos superheroicos ni luchas sobrehumanas. No hay más antídoto que alejarse de ella… O, si tienes suerte, encontrar a alguien que te ponga la mano sobre el pecho (ahí donde antes de convertirte en una rata tenías una refulgente S roja), que te diga que no pasa nada y que te haga volver a volar (o al menos dormir plácidamente).

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