Sigue remando, sigue remando…

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Hola Septiembre. Adiós, ‘Hakuna Matata’. Y adiós, también, oso perezoso que te has pasado el último mes insistiéndome con voz melosa en que buscara lo más vital no más, lo que es necesidad no más y en que me olvidara de la preocupación…

Hola, septiembre, y hola, Dory, claro. Y hola también a tu pegadizo “sigue nadando, sigue nadando…”, que falta me va a hacer para remontar (a nado o a remo)esta cuesta de septiembre y para borrar de una vez por todas ese “pues nunca del trabajo hay que abusar” de mi cabeza…

Que esta introducción tan animada no te engañe: ni me ha tocado demasiado el sol este verano ni he caído en las garras del síndrome posvacacional (bueno, a lo mejor un poco…). Pero, ¿qué culpa tendré yo de que, en su incansable búsqueda de fulgurantes ejemplos de éxito (y después de exprimir hasta la náusea a Steve Jobs y de poner su punto de mira sobre monos, samuráis, hormigas y hasta Paugasoles, por este orden), a algunas prestigiosas escuelas de negocios norteamericanas les haya dado por afirmar, rotundamente, que los personajes de Disney/Pixar esconden emprendedoras enseñanzas que valen su peso en píxeles?   

Así, Peter Pan, con su “si puedes pensarlo, puedes hacerlo” (uno de los mantras de Steve Jobs, por cierto), encarna para estos gurús del éxito el ideal de persona imaginativa e innovadora, capaz de tener suficiente confianza en sí misma como para lograr que los imposibles se conviertan en dorada realidad.

¿Y qué hay de la tropa de Toy Story? Pues, de entrada, que Woody es el ejemplo perfecto de que no hay que tenerle miedo a los nuevos fichajes (aunque sean mucho más modernos que nosotros y tengan alas molonas y sonrisas de anuncio). Además, en la tercera entrega de la saga, los juguetes más movidos de la historia del cine también nos demostraron que el trabajo en equipo –aprovechando al máximo las habilidades de cada miembro– es el camino perfecto para alcanzar nuestras metas (aunque se trate de escapar de una guardería…).

Los ejemplos son muchos y variados: Simba y su constatación de que el liderazgo no se hereda, sino que se gana a través de las experiencias y de las crisis; Sully y Mike cambiando gritos por risas para despertar a un mercado que ya no responde a los mismos estímulos a base de innovación y flexibilidad… Pero mi preferido, al menos este septiembre, es ese “sigue nadando, sigue nadando…” de Buscando a Nemo. Un canto a la perseverancia, a perseguir con ahínco tus metas, a no darse por vencido por muy septiembre que sea, que prometo no olvidar en esta nueva rentrée.

Palabra de Dory.

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