Triunfadores

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Y el muchacho, así medio bajito, así demasiado tímido, así demasiado enclenque, o quizás así demasiado ambas cosas como para aparecer en la portada de Men’s Health, subió al escenario y recogió su quinto Balón de Oro. “Esto es mucho más de lo que soñaba cuando era chiquito…”, dijo. Y después soltó el balón y, con él, la habitual retahíla de frases hechas: “Y quiero agradecérselo al fútbol porque, con lo bueno y lo malo, me ha hecho crecer y aprender todo en la vida…”. Y bla,bla,bla,bla,bla, bla… “Y ehhh… ehhhhhhh…”, añadió por sorpresa, como saltándose el guión. Y bajó la cabeza hacia el balón y se quedó en silencio unos interminables segundos mientras lo acariciaba y ese “ehhhhhh”, que parecía anunciar el inicio de alguna declaración verdaderamente jugosa, flotaba aún en la sala. “Y nada más”, anunció cortante volviendo a mirar al público con esa sonrisa de medio lado marca de la casa. “Buenas noches y gracias por todo”. Y se fue.

Y allí me quedé yo, pasmado, repasando mentalmente las imágenes que acababa de ver y rellenando el hueco que me había dejado ese “ehhhhhhh”, que me pareció lo más interesante del discurso del mejor jugador de fútbol de la historia.

Y como la imaginación es libre, me dio por pensar que lo que en realidad ocultaba ese “ehhhhhh” era el vértigo producido por un “¿y ahora QUÉ?”. Que a Lionel Messi se le había quedado en la punta de la lengua un “Vale… Con esto ya he cumplido todos mis sueños de sobra y acabo de dejar a mis competidores a una distancia abismal… ¿Qué es lo siguiente?”.

Madrid. Dos días más tarde.

El muchacho, así medio alto, así suficientemente campechano, así suficientemente fuerte como para ocupar la portada de la revista masculina más importante del mundo, se me quedó mirando fijamente mientras me repetía en voz alta la pregunta que acababa de hacerle: “¿Que qué hace uno después de cumplir sus sueños de sobra y coronarse cuatro veces como el Hombre Más en Forma del Mundo en los Reebok CrossFit Games? ”, y bajó la cabeza hacia sus rodillas y se quedó en silencio unos interminables segundos, sin que un triste “ehhhhh” sirviera para rellenar el hueco. “En mi caso, darme una lección de humildad y empezar a competir por equipos. No sé… Supongo que siempre he pensado que los ganadores cumplen metas y que los auténticos triunfadores se las crean”. Palabra de Froning.

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