Un año más…

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Que sepas que Instagram y Facebook han matado a Mecano. Bueno, en realidad, Ana, José y Nacho (si eres millennial te lo buscas en la Wikipedia) desmontaron  el juguete más exitoso del pop español allá por 1998. Pero Instagram y Facebook les han dado la puntilla. Y con dos navajazos que ríete tú de Mario Postigo. Porque ya me dirás a quién narices se le va a ocurrir en 2016 hacer balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás, cuando las Best Nine de Instagram (las nueve fotos con más likes del año) o el Year in Review de Facebook (ese vídeo-resumen “personalizado” que tiene hasta la misma musiquilla que el de tu prima, a la que no le pones un “me gusta” así te maten) ya se han encargado de hacerlo y, además, de adornarte el resultado, hasta convertir un año que psé, psé en algo más épico que Gladiator.

Que no deja de tener mérito la cosa, cuidado: nos han quitado de encima el trabajazo que supone echar la vista atrás antes de comerse las uvas. Pero eso es lo fácil. Lo alucinante sería (saltando de Mecano a Black Mirror) que, ya puestos, después de empaquetar nuestro año, estas redes sociales también se encargaran de reflexionar por nosotros y de identificar y asignarnos los propósitos adecuados para el que empieza. Armas nos les faltan…

¿Que Facebook escanea nuestras fotos y decide que no le gusta lo que ve?  Propósito al canto: “Estimado usuario:  en 2017 deberías perder los 5 kilos que te has puesto encima de una vez o nos veremos obligados a invitarte a foquear en lugar de a postear…”. ¿Que a Instagram le da la sensación de que al fotógrafo foodie que llevamos dentro le va demasiado la grasaza? “Querido iger: este año revísate el colesterol a base de bien, que esto no hay filtro Ludwig que lo arregle…”. Tampoco faltarían propósitos basados en nuestra agitada vida social (“en 2017 ve a ver más a tu madre, gañán, que no subes una foto con ella desde la comunión…”), o en nuestra salud mental (“este año vete de vacaciones a descansar de verdad y no a pasarte el día poniendo morritos, mamarracho…”). 

Y puestos a pedir: que vayan un paso más allá. Que Facebook no se limite a adornar nuestro birrioso pasado. Que nos enseñe el brillante futuro que nos espera si cumplimos los propósitos que nos marca. Que nos monte un vídeo en el que aparezca nuestro delgado y sonriente yo del futuro rodeado de amigos, fotografiando brócoli, abrazando a su madre y estampando el móvil contra una piedra mientras disfruta de la caída del sol en una playa paradisiaca…

Bonito, ¿no? Lástima que en este 2017 aún nos va a tocar optar por la vía tradicional y autoplantearnos nuestros propósitos. Yo ya tengo los míos. Nada del otro mundo. Descansar más, tener más tiempo para mí, ir más al gym, darle a las cosas la importancia que se merecen… Y que en el año que viene a ver si en vez de un millón pueden ser dos, claro. Y luego, si eso, ya veré si está entre lo mejor de o lo peor de 2017. Le guste o no a Facebook y a Instagram.

Feliz año!

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