Incontinencia urinaria y ejercicio: toda la verdad

Incontinencia urinariaMucho se ha dicho y escrito en medios no científicos sobre el riesgo de padecer incontinencia urinaria en el deporte recreacional, no profesional o competitivo. En muchos casos sin el aval científico que respaldara aquello que se estaba diciendo. Cuando revisamos la literatura que conforma las evidencias científicas que manejamos hoy en día parece que no existe ninguna evidencia que avale una relación entre deporte o actividad física no profesional o competitiva con un mayor riesgo de padecer incontinencia urinaria. Esto contrasta con la estrategia de algunos comerciales que, apoyándose en el miedo como herramienta de marketing, tratan de convencernos de que lo que hacemos acabará provocando que manchemos nuestros pantalones, siendo su producto o técnica nuestra única esperanza. Da igual que el conocimiento científico actual no apoye estos argumentos, porque dan por hecho que pocos de los que les escuchan comprobarán la ciencia real detrás de tales afirmaciones. El miedo infundado, sobre todo a lo desconocido, ha sido desde siempre la estrategia de marketing más efectiva y vil desde que el hombre es hombre y, desde luego, no parece que la sociedad de la información en la que vivimos, donde la comprobación de las fuentes está a apenas unos clicks de distancia, vaya a cambiarlo.

Existe un dicho en investigación en Ciencias de la Salud que dice “the dosage makes the poison”. Y viene a decir más o menos que la dosis determina que algo beneficioso pueda convertirse en perjudicial. Lo mismo ocurre con la actividad física, como podemos comprobar en los posts anteriores.

Las teorías en las que nos basamos a día de hoy, y que podrían justificar la relación entre deporte profesional competitivo (que no aficionado) y un mayor índice de incontinencia urinaria documentada se basa en la idea de que ciertos gestos habituales en la práctica deportiva y actividad física pueden aumentar la presión intra-abdominal. Cuando se supera la presión que es capaz de soportar el músculo esfínter de la uretra, se produce la pérdida de orina. Si este aumento súbito de la presión es debido, por ejemplo, a la práctica de algún ejercicio, se dice que la pérdida es por estrés. Además, es de vital importancia entender que más que el deporte competitivo es la naturaleza del deporte en sí, así como el tipo de entrenamiento y su volumen, lo que aumenta este riesgo de incontinencia. Cuando se analiza una muestra de deportistas profesionales se suele incluir todo tipo de deportes y es precisamente por el hecho de incluir también aquellos con mayor riesgo lo que hace que aumente la media y, por extensión, se culpe al deporte profesional o competitivo en su totalidad.

Un estudio reciente con mujeres trampolinistas observó episodios de incontinencia urinaria por estrés en el 72% de las competidoras (Da Roza T, Clin J Sport Med 2014), una cifra muy por encima de la observada en deporte profesional en general. Si sabemos como funcionan las medias, observamos que esto es así porque otros deportes cuentan con índices de riesgo mucho menores. Hay incluso estudios que ni siquiera encuentran diferencia entre competidoras profesionales y mujeres sedentarias (Caylet N, Can J Urol 2006).

Si nos centramos en el último estudio publicado (Roza TD, Int J Sports Med 2015), tan reciente que todavía está caliente del horno, y que ha motivado la redacción de este post, todo parece que no hay ninguna relación entre deporte no profesional o competitivo con mayor riesgo de incontinencia urinaria. La publicación de este estudio añade todavía más evidencia científica a la ya existente, en contra de lo que algunos profesionales del ‘marketing del miedo’ aseguran.

En el estudio mencionado anteriormente se utilizó una muestra de 386 mujeres para un índice de confianza del 95%. La credibilidad de un estudio depende en gran medida del tamaño y representatividad de su muestra, por lo que un estudio así no puede pasar inadvertido. Los sujetos analizados fueron repartidos en cuatro grupos en función del volumen de actividad física que realizaban semanalmente. En el primer grupo estaban aquellos que realizaban entre nada y 30 minutos de actividad física semanal; entre 31 minutos y 3 horas en el segundo, entre 3 y 7 horas en el tercero, y por último más de 7 horas semanales entre las que se incluyeron las mujeres que practicaban de manera profesional algún deporte siendo la competición el objetivo del entrenamiento. Pues bien: los tres primeros grupos mostraron riesgos similares de padecer incontinencia urinaria, siendo además, el segundo el que menor riesgo demostró (11,6%). Tanto el primero como el tercero observaron un riesgo similar pero ligeramente superior al segundo (14-15%). No obstante, el cuarto grupo, el de aquellas que entrenaban más de 7 horas semanales (y con la competición como objetivo), obtuvo un riesgo 2,5 veces superior al resto de grupos.

Incontinencia urinaria
Roza TD et al. Urinary Incontinence and Levels… Int J Sports Med 2015

Podemos concluir diciendo que si practicas actividad física menos de 7 horas semanales no tienes riesgo de padecer incontinencia urinaria. Al menos, no más que si no hicieras nada de ejercicio. Pueden estar preocupadas aquellas que practican ejercicio más de esa cifra, sobre todo si la naturaleza del deporte practicado implica la absorción de grandes fuerzas reactivas desde el suelo, como puede ser saltos, cambios de sentido bruscos, grandes aceleraciones y frenadas, o movimientos similares (Thyssen HH, Int Urogynecol J Pelvic Floor Dysfunct 2002). Como veis, estos movimientos no son condición indispensable si tu objetivo es mantener un estado de forma óptimo que te permita disfrutar de la mejor calidad de vida posible, mucho menos si además implica hacer esta clase de movimientos más de 7 horas semanales.

Por último, me gustaría añadir una recomendación. Cada vez que alguien te diga que lo que estás haciendo puede perjudicar tu salud, sobre todo si intenta venderte un remedio o alternativa, no dudes y pídele la literatura científica detrás de tales afirmaciones. En investigación hay un dicho que afirma que “grandes afirmaciones requieren grandes evidencias” y parece que con tal de vender un producto, servicio o formación muchas veces se hacen afirmaciones gratuitas sin apenas respaldo. Cada vez que escuches que algo está demostrado científicamente, no lo dudes y pide el documento. Ten presente que para que un estudio tenga credibilidad, debe estar indexado y haber sido publicado en una revista científica. Los estudios internos de las propias empresas o interesados, no publicados o indexados carecen de validez científica.

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Guillermo Alvarado es entrenador personal en Valencia, fundador de PERFORMA Entrenadores Personales y experto de fitness en Men's Health. También puedes seguirle en twitter @Alvarado_MH. Si tienes alguna duda o deseas hacer una consulta sobre fitness puedes hacerla enviando un mail a redaccion@menshealth.es. Por favor, no hagas preguntas sobre casos personales. Además de no poder atenderlas todas, se necesita mucha información y hacer un estudio riguroso y personalizado para dar una respuesta correcta a cada persona. De lo contrario, sería poco profesional. Guillermo responderá aquellas dudas que tengan mayor interés general para los lectores de Men's Health. Los comentarios que contengan publicidad serán eliminados. Gracias!

2 Comentarios

  • Muy buen artículo, diferente a los que nos tienes acostumbrado.

    Me surge una duda, porque en el estudio se utilizo una muestra de mujeres. ¿Hay diferencias en la incontinencia urinaria entre hombres y mujeres? Y si fuera si ¿A que se debe?

    Una vez más, gracias Guillermo.

    • La incontinencia urinaria por esfuerzo (estrés) es mucho más habitual entre las mujeres que entre los hombres. Esto es debido a que la uretra de la mujer es mucho más pequeña (3cm en las mujeres frente a 12-15cm en hombres). También posiblemente a que la forma es diferente, siendo la de la mujer recta y vertical que, junto a su menor tamaño, podría justificar su mayor debilidad a la hora de contener la orina frente a aumentos de presión intra-abdominal. No obstante, como puedes leer en el post, esto sólo afecta a algunas deportistas profesionales en disciplinas competitivas donde el volumen de entrenamiento es muy superior al de la gente corriente y la naturaleza del entrenamiento completamente diferente.

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