Combatir la enfermedad llamada “Estoy ocupado”

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Estar ocupado no es un problema en sí mismo, todos tenemos cosas que hacer, proyectos en los que nos implicamos y que nos motivan, proporcionándonos satisfacción. Yo hablo de algo más, de la necesidad de estar ocupado.

Sentir un impulso casi patológico de ocuparte con algo que hacer cuando estás disfrutando de tu tiempo de ocio, no ser capaz de desconectarte de tus obligaciones o de tus proyectos personales. Buscas algo útil que hacer sin entender el aporte real del esparcimiento y el descanso a tu vida.

¿Por qué hacemos esto?

Es un problema de creencias erróneas combinado con una falta de propósito y autocontrol. Estar ocupados nos hace sentir importantes, creemos que hacer algo es bueno por sí mismo, sin fijarnos en el fondo de la actividad que estamos realizando, en cómo encaja con el resto de nuestros intereses ni cuál es el coste de hacerlo.

A todos se nos ha inculcado la idea de que con trabajo y esfuerzo podemos conseguirlo todo, la idea de que debemos situarnos en un ciclo de mejora continuada para seguir avanzando. Ese es el problema, se nos ha quedado grabado en nuestro subconsciente que debemos seguir avanzando, seguir creciendo, ser mejores y ¿cómo lo conseguimos? Pues trabajando y esforzándonos…

Pero sin un propósito, sin un fin ni que conquistar ni un plan para llevarlo a cabo, nuestra atención se centra en conseguir pequeños hitos inconexos que no consiguen un avance real. Sin propósito, vas a ciegas. Tu esfuerzo no tiene dirección ni puede aspirar a una gran recompensa.

Te preocupas y te ocupas, pero sin ninguna visión estratégica. Tu actividad esta carente de sentido y cuando te das cuenta ocuparte tu tiempo (con algo importante o irrelevante) se ha convertido en un hábito. Un mal hábito.

Es muy difícil cambiar unas pautas de comportamiento adquiridas a lo largo de los años. No se trata de aplicar tu fuerza de voluntad para no sucumbir y dejar de lado parte de tu tiempo de ocio para ponerte a contestar emails, revisar tu plan de trabajo para ponerte a cavilar sobre los asuntos presentes o dedicar tu atención a un tema domestico que necesita resolución.

Sin duda alguna todo esto es importante pero el secreto es saber cómo dedicarle la atención necesaria en el momento adecuado para sacártelo de la cabeza y no pensar en ello de forma continuada.

Se trata de poner límites a tu actividad, concretando el problema y las acciones a realizar. No hay nada mejor que adquirir un método para procesar los asuntos y convertirlos en algo concreto. Hace tiempo hable de GTD en el blog (Aquí tienes una intro, y una extensa guía).

Más allá de definir lo que hay que hacer también hay que establecer un tope, un límite para dejar de hacer. Establecer una hora a partir de la cual te desconectes de todos tus asuntos, de tus dispositivos, establecer momentos durante la semana donde estés offline de forma prolongada y te permitas vivir de experiencias enriquecedoras en primera persona, tiempo reservado para tu familia y amigos.

No se trata de palabras amables y bien sonantes dedicadas a encajar en una revista que cuida del estilo de vida de sus lectores, se trata de entender que para sacar el máximo partido a tu día a día necesitas descanso y realizarte en otros aspectos que potencien lo emocional, algo que tus ocupaciones no pueden darte.

Ponte límites

La única forma de reconducir una situación como la comentada, que nos afecta a todos en mayor o menor grado, pasa por mejorar el balance y aclarar ideas respecto a nuestras metas. Si, como yo, eres una de esas personas incapaz de desengancharse de sus dispositivos ni dejar de estar conectado, empieza imponiéndote límites del tipo:

·       Apagar todos mis dispositivos a partir de las 20:00

·       Reservarme 1 ó 2 horas, tres veces por semana para ir al gimnasio, para hacer deporte al aire libre o salir a caminar con mi pareja.

·       Dedicar el domingo por completo a mi familia.

·       Reservarme dos horas el fin de semana para realizar una revisión de todos mis asuntos y plantear el trabajo de la semana próxima.

·       Realizar una revisión diaria de no más de 15 minutos para atar cabos sueltos y revisar mi agenda para el día siguiente.

·       Llevar siempre conmigo un pequeño bloc que me permita anotar cualquier idea o detalle que me venga a la mente y aplazar cualquier pensamiento o decisión durante mi revisión diaria.

Empieza estableciendo límites a los momentos para HACER, continua estableciendo rutinas para poner en orden tus asuntos y finalmente plantéate la necesidad de trazar un plan. De esto último hablaremos en el próximo post, de cómo explorar nuestro propósito para definir una visión de lo que queremos.

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Desarrollo mi actividad profesional en el mundo de de las TIC y la creación de software. Pero mi verdadero punto fuerte todo lo que rodea la organización, la productividad personal y el uso racional de la tecnología como vía para la mejora de los profesionales y las organizaciones. Síguelo en: Blog |Twitter |Google +

1 comentario

  • Personalmente soy enemigo de los smartphones, por varios motivos. Es cierto que se tienen que usar algunas veces en el trabajo o para atender alguna emergencia, pero aún con todo ello considero tener un control en su uso. Por ejemplo nunca paso de los 5 minutos (tiempo record), recibo una llamada que considero clave, y lo resuelvo de inmediato. Si algún jefe quiere cosas especificas, entonces le digo que nos reunamos para resolverlo o que me pase la información por email y lo vemos en la reunión.

    La versatilidad de mis funciones no las limitare estando pegado a un Smartphone, mucho menos para usarlo para jugar, pasar información a mis compañeros de trabajo por una noticia de la farándula o cosas así… Si existiera una estadística de que tanto tiempo usamos el Smartphone, me gustaría saber ¿Entre que horas y porque?

    Optimicen sus tiempos y no se dejen esclavizar por un Smartphone.

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