¿Por qué demoras lo que es prioritario para ti?

prioridades

Están allí, en tu lista de tareas o asuntos pendientes. Están allí y sabes que debes atenderlas, no se trata de una tarea más, es algo importante, algo prioritario. Es una tarea asociada a un proyecto relacionado con uno de tus objetivos, ese en el que llevas trabajando tanto tiempo. Necesitas (por ejemplo) montar un sistema de suscripción en tu página web como vía para estrechar la relación que tienes con tus potenciales clientes…

…pero no encuentras un hueco, así que ese asunto pendiente sigue estando allí, está allí desde hace tres semanas y no consigues quitártelo de encima. Crees que es porque no encuentras el momento idóneo, porque la actividad diaria se te come, porque… ni siquiera lo sabes, pero la cuestión es que han pasado semanas y sigue estando allí.

Procrastinas. Menudo palabro: Procrastinar. Esto significa no hacer lo que sabes que debes hacer.  Es sólo “una cuestión de voluntad” o “de organizarse un poco mejor”. Pero el asunto va un poco más allá. Hay muchas razones por las que desplazamos nuestras responsabilidades a un futuro presuntamente cercano pero me limitaré a comentar dos de ellas: las razones funcionales o logísticas y el miedo.

En cuanto al tema funcional

Más que funcional, diría que se trata de gestión de tu atención. ¿En qué pones tu foco en primer lugar? ¿En las pequeñas tareas que van surgiendo durante el día a día o a las importantes de verdad? (“Importante de verdad” significa aquellas que te ayudarán a conseguir resultados que marquen la diferencia).

En el fondo, lo que hay detrás de esta selección es la búsqueda de la comodidad. Resulta más fácil dedicarse a algo cuya realización es más sencilla y por la cual recibirás una recompensa inmediata (aunque sólo sea la satisfacción de dar cómo completada la tarea), que una acción que forma parte de algo más grande –proyecto u objetivo– cuyo cierre no genera esa emoción al no acabar con el asunto de mayor rango.

Lo mismo sucede con las acciones de mayor dificultad o extensión. La inversión en tiempo, energía y atención es considerable pero la recompensa no tiene que ser proporcional, por lo tanto inconscientemente les restamos prioridad y las demoramos repetidamente.

Posibles soluciones

Filtrar tus tareas por contexto y energía necesaria. Eliges otra cosa porque tienes un gran número de acciones que llevar a cabo en tu lista de siguientes acciones, o asuntos pendientes. Divide esta lista en pequeñas listas según el contexto (herramienta o lugar necesario para realizar tu actividad) y clasifica cada tarea con el nivel de energía necesario para realizarlo (A: Alto, M: Media, B: Bajo).

Cuando escojas tu siguiente acción, elige un contexto y quédate solo con las tareas de esa sublista. Es importante que la herramienta que utilices te permita aislar las acciones de cada sublista para no visualizar las demás. En otras palabras, ordenarlas por un concepto no sería efectivo. Pasarás de tener 40 o 50 tareas a menos de 10. Centras el foco, tu atención y el esfuerzo de tu actividad. Y de paso, eliminas las ‘tareas excusa’ de tu campo de visión para evitar caer en la tentación.

La clasificación de la tarea por energía permite realizar una segunda criba. “Estoy cansado, llevo a cabo una acción de baja energía”. “Estoy potente, una de alta”. “Para el resto del día una de energía media”.

Escoger tareas clave y fija el tiempo necesario para realizarlas. Algo tienes que hacer con esa tarea que lleva dos semanas en tu lista de siguientes acciones a realizar y que hasta el momento no has conseguido abordar de una forma seria. Institucionalízalo, declara un estado de excepción…

Predetermina cuando lo vas hacer en tu plan de trabajo diario, bloquea un tiempo determinado en tu Planning con uno o dos días de antelación para mantenerlo en tu zona de perspectiva inmediata. Ubícala en el momento del día donde te sientas más despejado y con más energía para afrontar estas tareas difíciles.  Una tarea clave para realizar en tu momento de más fortaleza.

¿Una cuestión de miedo?

Es así de simple. En el fondo demoramos las cosas que sabemos que debemos hacer porque tenemos miedo… miedo al fracaso, a no dar la talla, ya sea a no dar el acabado esperado o no poder terminar dentro del tiempo esperado. Incluso podríamos sumar el miedo a tener éxito, a que la cosa salga bien y te empuje a tomar decisiones que no quieres o no estás preparado para tomar.

Inconscientemente o de forma deliberada dejas pasar las ocasiones que se te presentan para completar tus tareas pendientes. ¿Qué puedes hacer para darle solución? Ser consciente de ello. Cada vez que una de tus acciones permanezca durante más de una semana en tu lista de próximas acciones pregúntate por qué. ¿Cuál es el motivo de ello? ¿Hay algo más que una falta de tiempo o motivación?

Es el primer paso para superar tu limitación. Sabes que está allí, tenerla cara a cara te forzará a tomar una decisión.

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