Así puedes prevenir las descompensaciones musculares

En todos los movimientos de nuestro cuerpo participan grupos musculares agonistas (a favor) y antagonistas (en contra), lo que llamamos las lazadas musculares. En los gestos deportivos, se produce un desequilibrio de estas fuerzas, y una hipertrofia de grupos musculares sobre otros. Todo ello puede contribuir a padecer lesiones músculo-tendinosas. Para evitarlas, es importante entrenar ejercicios de compensación muscular, cómo la natación o el ciclismo, donde se trabajan las cuatro extremidades y el tronco a la vez (ejercicios simétricos), de forma compensada.

Dichos ejercicios son de vital importancia si se practican deportes asimétricos (tenis, pádel, golf, etc.), donde priman grupos musculares agonistas de una extremidad (zurdo o diestro) o del tronco, sobre los músculos antagonistas que se debilitan. Por ejemplo, la epicondilitis del codo (que tienden a sufrir los que juegan a tenis y pádel), suele estar provocada por un desequilibrio de los músculos flexores (agonistas), sobre los músculos extensores (antagonistas), ambos del antebrazo. El hecho que durante el juego primen más los movimientos flexores (drive y smash) sobre los extensores del antebrazo (revés), provoca este desequilibrio y las lesiones músculo-tendinosas.

El fortalecimiento de los músculos del core debería formar parte de cualquier programa de entrenamiento deportivo, pues nos puede ayudar a prevenir algunas descompensaciones musculares. El core incluye los siguientes músculos:

Abdominales: uno de los principales y  más conocidos. Los músculos abdominales son sumamente importantes, y suelen ser incluidos en la mayoría de los programas de entrenamiento.

Cadera: uno de los grupos musculares más olvidados por la mayoría de los deportistas, los músculos de la articulación de la cadera son claves para permitir el movimiento en la misma. Entre los principales músculos que lo conforman debemos señalar los glúteos (mayor, medio y menor), piramidal y psoas ilíaco.

Dorso-lumbares: Los músculos de la espalda baja, son otros de los músculos olvidados por la mayoría de los deportistas, que se enteran de su importancia al sufrir molestias lumbares.

Los beneficios de tener un core compensado y fuerte son:

  1. Mayor estabilidad, ya que estos músculos proveen al cuerpo de la contención y el equilibrio que necesitamos para poder movernos sin dañarnos.
  2. Mejor eficiencia y economía de los movimientos, puesto que la estabilidad que brinda un core fortalecido nos permite mejorar nuestra forma, al evitar que trabajen músculos innecesarios durante la carrera y evitando desbalances que pueden generar lesiones.
  3. Disminución de la fatiga y las lesiones. Al evitar el trabajo innecesario de otros grupos musculares, tenemos un menor gasto energético y eso ayuda a que podamos correr más tiempo sin fatigarnos.

El conjunto de músculos que conforman el core le dan a nuestra espalda la contención necesaria para que, con cada impacto en la zancada, no sufra. Los músculos del core balanceados y fuertes ayudarán a tener una postura apropiada al caminar y sentarse. Un ejemplo de cómo ayuda tener un core fuerte para evitar descompensaciones se da en la osteopatía del pubis, frecuente en futbolistas, en la que se produce un desequilibrio muscular entre la musculatura abdominal y los músculos isquiotibiales del muslo. De ahí la importancia de trabajar el core para relajar los músculos isquiotibiales.

 

Escrito por

Ángel Bigas es traumatólogo y especialista en medicina del deporte de Doctoralia.