Después de una gran aventura como la Titan Desert, uno entra en un periodo depresivo, de vacío. Ha sido una semana intensa, con sus rutinas, sus sensaciones y sus singularidades y volver a la realidad cuesta.
En el plano físico, la Titan Desert es una experiencia durísima, exigente. Nuestro entrenamiento no era “ciclista”, no estábamos preparados para ello. Allí sufre todo el mundo pero, si vas corto de kilómetros, te arrastras.
A nivel psicológico ha sido un aldabonazo. Uno está convencido de que el sufrimiento también se entrena y que lo de pasar penalidades se aprende igual que se aprende a sumar o a restar. De no ser por estar curtido en otras situaciones (maratones, expediciones, Dakar, Transalpine…) hubiera sido muy complicado salir adelante. Como entrenamiento mental para el Ironman, la Titan ha sido perfecta.
A nivel personal, todo fue enriquecedor. El compañerismo, las relaciones humanas que se tejen durante la semana, el paisaje, la relación con ese querido artilugio llamado bicicleta… En este capítulo incluyo de manera incuestionable a Manu. Sin él, no hubiera acabado la Titan Desert y él lo sabe. Nos conocíamos por correo, nos dimos la mano en el comedor del hotel el primer día y ahora sabemos que podríamos ir juntos al fin del mundo. Como novatos “acojonados”, firmamos un pacto: ninguno abandonaría al otro. Y así fue. Manu, más fuerte en carrera, lo cumplió más que yo. Difícilmente podía abandonar yo a nadie según iba. Me queda la tranquilidad de que, de haber sido al revés, yo tampoco hubiera dejado a Manu. Tras estas reflexiones, que me parecen necesarias, hago un breve resumen de las etapas.
1ª ETAPA. 98 kms
Para empezar, dos kilómetros de dunas. Las pasamos a pie. La organización las pone para la foto. Para mí, no tienen ninguna gracia. Luego, a pedalear. Terreno llano pero incómodo. Piedras y trampas de arena. Etapa para darse cuenta de que los kilómetros que hacemos aquí no son iguales que los de allí.
2ª ETAPA. 94 kms
La etapa de las cagaleras. Hasta seis veces tuvimos que parar para que Manu se aliviase. No sé cómo pudo acabar. Etapa llana con zonas buenas para rodar, aunque con rectas desesperantes. El final, 10 kms horribles y con el viento en contra. Sufrí un par de bloqueos mentales y me tuve que sentar a pensar porque aquello me parecía una puta locura.
3ª ETAPA. 97 kms
Cargamos con el saco y mochila para dos días. Terreno montañoso, con tres grandes subidas. Hasta la primera, bien. Tras la primera, nos quedaban 40 kms más cuesta arriba. Yo iba vacio. Le dije a Manu que cogiera toda mi comida y que se fuera, que yo me daba la vuelta y me iba al control de paso y abandonaba. Manu ni lo contempló. Estaba tan convencido de que íbamos a acabar que parecía un inconsciente. Pero su determinación me sacó de allí. Salvamos el fuera de control por 12 minutos. Etapa durísima. Me vi al límite. El premio, dormir en el suelo.
4ª ETAPA. 136 kms
La más larga en la historia de la Titan Desert. Mi actitud mental cambió totalmente. Jamás pensé en dejarlo. Sabía que era el Día D. Era cuestión de no entregarse. 40 kms iniciales rápidos y cómodos. Luego, puertazo. Se subían 500 metros de desnivel en 4 kms. Una pared, vamos. Luego, sube y baja con terreno de todo tipo. En mitad de la nada, otro bloqueo mental. Íbamos agotados y lo que ponía en el road-book no coincidía con lo que veíamos. Donde ponía cuesta abajo había una cuesta arriba. El remate, 7 kms por un oued, un cauce seco lleno de piedras. Todo el mundo se quejó. A mí me pareció tan espectacular que lo pasé encantado de la vida. El final, en cuesta. Llegué casi de noche. El último kilómetro quedará en mi memoria para siempre. Ver el campamento a lo lejos, sabiendo que llegaba en tiempo y que el objetivo estaba cumplido fue de éxtasis.
5ª ETAPA. 55 kms
Casi no llego. Así, como suena. Desde el primer momento, el cuenta kilómetros no sube de velocidad. ¿Qué me pasa? Muy fácil. Estoy vacío. Tengo que bajarme en cada repecho y el problema es que la etapa está llena de ellos. Una vez más, tengo que recurrir a Manu, que va delante, pletórico. Su grito de guerra: “¡Vamos, Palomaaaar!” es ya un clásico. Vuelve a sacarme de una etapa trampa en la que estuve a punto de tirarlo todo por la borda. Al final, entramos de la mano. O debería decir, entramos de la Manu.
El relato no le alcanza a la realidad. Necesitaría más talento y más sitio. Todo lo narrado (la dureza, el paisaje, la relación con Manu) hay que multiplicarlo por cien. Comprenderán ahora que uno ande deprimido, desorientado y con problemas de adaptación social, laboral y afectiva. Suele pasar cuando vuelves de otra dimensión.

