Armenia a pedales: de montañas, valles y monasterios

Viajar en bicicleta por Armenia implica adentrarse en valles remotos, superando collados que serpentean más allá de los 2.000 metros de altura. Para llegar hasta allí hay que estar dispuesto a pedalear con el plato pequeño, apretando dientes y riñones. Incluso a caminar, empujar y, por supuesto, jadear. Porque cuando la sinuosa carretera asfaltada acaba, empieza una pista de tierra. Y cuando la pista termina, aparece un camino que a su vez, tarde o temprano, se transforma en senda. Y al final de esta senda medio perdida, tras horas de esfuerzo e ilusión aparecen las solemnes ruinas de un silencioso monasterio habitado por un monje solitario de largas barbas…

Armenia en bicicleta
Mi bicicleta, reposando junto a una de las numerosas khachkar -cruces de piedra- que encontramos a lo largo de la ruta.

ALDEAS ENTRE DOS MUNDOS

De camino, paramos a recuperar fuerzas en aldeas remotas cuyos pobladores viven entre dos mundos. Los mayores nos hablan en ruso de tiempos pasados, a la vez que nos preguntan si en Occidente ya se ha generalizado el uso del coche solar. Los más jóvenes viven en otra contradictoria dicotomía: de una parte, fantasean con partir hacia la ciudad en un éxodo que parece inevitable; por otra, se esfuerzan por encontrar un limbo dentro de este mundo que avanza tan deprisa y amenaza con borrar de la faz de la tierra las antiguas formas de vida y las tradiciones de estas zonas rurales. Nuestra llegada jamás pasa desapercibida: enseguida nos agasajan con quesos artesanos, miel, fruta fresca, infusiones, conversación, sonrisas y curiosidad.

Los mayores nos hablan en ruso de tiempos pasados, a la vez que nos preguntan si en Occidente ya se ha generalizado el uso del coche solar.

Armenia en bicicleta
Coches de otra era que todavía circulan por las carreteras y caminos de Armenia.

SIN UN PLAN PREESTABLECIDO

Nuestra aventura por Armenia comienza en Yerevan, la capital del país. No tenemos ninguna idea preestablecida. Ningún plan. De hecho, dos de los miembros del trío que formamos ni tan siquiera nos conocemos. Gor es el nexo, el hilo de esta historia.

Armenia en bicicleta
Una carretera olvidada, rumbo a Ltsen, bajo el inmisericorde sol de mediodía en plena canícula de agosto.

Tanto Francis como yo le conocemos desde hace años y él es quien nos ha convencido para hacer realidad uno de sus sueños: viajar en bicicleta por su país natal. Gor será, por tanto, nuestro anfitrión, nuestro guía y nuestro intérprete, aunque para él también será un viaje de descubrimiento, pues pedalearemos hacia zonas en las que él jamás ha puesto los pies.

Armenia en bicicleta
Ninos a caballo, otro medio de transporte muy habitual en las zonas rurales.

RUMBO AL SUR, ENTRE MONASTERIOS

Mapa en mano, trazamos un rumbo hacia el sur. La intencion es disfrutar de la bicicleta a la vez que descubrimos el territorio, hablamos con la gente y saboreamos la rica gastronomía local. Nos apetece rodar por carreteras solitarias y, aunque viajamos con bicicletas de carretera, no nos importa aventurarnos más allá del asfalto.

Damos las primeras pedaladas junto al monasterio de Khor Virab, cuyo nombre significa literalmente “mazmorra profunda”, pues fue aquí donde Gregorio el Iluminador permaneció encarcelado durante 14 años. Tras salir del agujero que sirvió de cárcel y que ahora se encuentra en los cimientos de una hermosa iglesia, nos dirigimos hacia las montañas, por una carretera secundaria que se eleva hasta los 2.000 metros y nos sitúa junto a otro monasterio al que sólo se puede llegar por un camino de tierra.

Por la tarde estamos en Sisian, con la piel enrojecida por el implacable sol y un apetito que saciamos con una enorme sandía antes de la cena.

Armenia en bicicleta
Pedaleamos hasta el “stonehenge” de Armenia, cerca de Sisian, donde se descubrieron unas misteriosas rocas alineadas en lo que se cree que fue un prehistórico observatorio astronómico.

Al día siguiente, la ruta prosigue hacia el sur, siempre en busca de las mejores carreteras, las más tranquilas, por lo que alternamos el agradable pedaleo con algunos transfers que improvisamos sobre la marcha con los taxistas que acceden a transportarnos junto a nuestras bicis y equipajes, ahorrándonos algunos kilómetros.

Queremos llegar hasta el monasterio de Tatev, pero no por la carretera que se dirige hacia Irán, sino a través de las montañas…

Armenia en bicicleta
Con Gor y Francis, a la sombra, en mitad de una larga cuesta.

MOUNTAIN BIKES DE RUEDAS FINAS

En nuestra tercera etapa de cicloturismo por Armenia optamos por un plan realmente apetecible: queremos llegar hasta el monasterio de Tatev, pero no por la carretera que se dirige hacia Irán, sino a través de las montañas, tomando un atrevido atajo que nos mantendrá alejados del tráfico. Para ello lo ideal sería disponer de unas mountain bikes, pero esta vez sólo hemos traído nuestras bicicletas de carretera. No serán ellas las que se amedrenten.

La etapa resulta inolvidable de principio a fin, al igual que la de la jornada siguiente, en la que conseguimos llegar hasta el monasterio de Tatevi Anapat, que aguarda en lo más profundo de un desfiladero bañado por un río de aguas tibias.

Armenia en bicicleta
Camino del monasterio de Tatevi Anapat.

Por la tarde regresamos hacia el norte, tomando la antigua Ruta de la Seda, para acabar la jornada con un refrescante baño en aguas del inmenso lago Sevan. Poco a poco nos acercamos a nuestro nuevo destino: a Gor le aguarda un nuevo reto. Después de pedalear por tierras de sus antepasados, va a participar en un triatlón muy especial, el Savage of Sevan. Pero eso es otra historia que merece un nuevo post.

Armenia en bicicleta
Arno y Gor, tras una sesión de entrenamiento de natación en aguas del lago Sevan, la víspera del triatlón Savage of Sevan.
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Escrito por

Periodista, aventurero, escritor & "culo de mal asiento". Barcelonés, afincado en el barrio de Gràcia, pero nómada por naturaleza. 42 años. Aficionado a leer, correr, ir en bici a todas partes, subir montañas, mirar mapas, hacer realidad los viajes que sueña... ¿La aventura que cambió su vida? Cruzar en bicicleta y en solitario los siete desiertos más grandes y emblemáticos del mundo: Australia, Atacama, Mojave, Namib, Kalahari, Gobi y Sáhara. Pedaleó 30.000 kilómetros durante cuatro años y aprendió que los desiertos son algo más que lugares vacíos y llanuras inertes. Todas sus peripecias aparecen en el libro 7 desiertos con un par de ruedas, con más de 200 fotografías que él mismo realizó durante las siete expediciones. Este blog lo inició cuando se preparaba para participar en la Titan Desert compartiendo tándem con Serafín Zubiri. Superado el reto, surgió otro, y luego otro, y otro más... y aquí nos los cuenta. Su website personal es www.conunparderuedas.com

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