Cadí Challenge, redescubriendo el ciclismo de carretera

Orbea Cadí Challenge 2017
Último escollo de la Orbea Cadí Challenge, el temido Coll de Pradell, con el emblemático Pedraforca de fondo.

Pedalear por bucólicas carreterillas de montaña, sintiendo cómo el aire limpio de las alturas llena tus pulmones y oxigena tu sangre, para impulsar tu cuerpo a lomos de una bicicleta, ese vehículo de tracción 100% animal, ligero, ecológico y saludable que, tras un siglo de vida, ha demostrado ser la máquina perfecta… Ese ingenioso artefacto compuesto por 11 tubos, dos ruedas, un sillín, un manillar, dos pedales y poco más, que te permite multiplicar por cinco la velocidad del caminante sin aumentar apenas el gasto energético.

UN NUEVO RETO

La Orbea Cadí Challenge nos ha servido para reencontrarnos con el mejor ciclismo, ese que te seduce con paisajes vírgenes, con cuestas imposibles y épicas, caminos rurales asfaltados y pistas forestales pavimentadas que se pierden entre frondosos bosques y te conducen hasta remotos collados, para después regalarte meteóricos descensos. En total, 250 km y 5.000 m+ repartidos en dos espectaculares y exigentes etapas.

De esta manera, la actividad se prolongaba durante todo el fin de semana y podíamos compartir, además de un recorrido espectacular, buenos ratos de sobremesa con el resto de participantes, especialmente la tarde del sábado, en la que hubo ocasión para la convivencia, la cháchara, las cervezas y el sanísimo deporte de escuchar y contar batallitas, porque no sólo de medias, hidratos, aminoácidos y vatios vive el ciclista.

Orbea Cadí Challenge 2017
Altimetría de la Orbea Cadí Challenge 2017: 250 km y 5.000 m+ en dos etapas.
Orbea Cadí Challenge 2017
A punto de salir, de camino al camión de traslado de equipajes, en Guardiola de Berguedà. Creo que fui el único “cicloturista” con cámara de fotos y bolsa de manillar.
Orbea Cadí Challenge 2017
Ascensión al Coll de la Creueta, de 1.888 metros de altitud, techo del itinetario.

Etapa 1: Guardiola de Berguedà – Talló (135 km – 3.000 m+)

La primera etapa de la Orbea Cadí Challenge arrancaba puntual y en subida. De sopetón, algo más de 150 ciclistas nos encaramamos con alegría hacia la Collada de Sobirana, pedaleando por una idílica carreterilla que después nos llevó en veloz descenso hasta La Pobla de Lillet. El segundo puertecillo de la jornada fue el Coll de Merolla, que sirvió de preaviso antes del primer plato fuerte del día, el Coll de la Creueta, de 1.888 metros, al que accedimos por la sinuosa pista asfaltada que pasa junto al castillo de Mataplana.

De esta manera enlazamos los tres primeros puertos del día, para después bajar por la tendida carretera de la Collada de Toses, rumbo al valle de La Cerdanya. Una vez en Bellver de Cerdanya, la ruta contemplaba un último y contundente bucle, desviándose hacia Prullans, donde nos aguardaba el segundo avituallamiento, que me pareció que era idéntico al primero: agua, refrescos, cerveza para quien quisiera, frutos secos, fruta fresca, gominolas, barritas de cereales…

Orbea Cadí Challenge 2017
Disfrutar del mejor cicloturismo en la mejor de las compañías: ¿qué más se puede pedir?

A partir de ahí, subidón de aúpa hasta Coborriu de la Llosa por una bucólica pista de montaña asfaltada en la que me vi obligado a poner todo el desarrollo que traía y detenerme en un par de ocasiones con la excusa de hacer alguna foto. El consiguiente descenso nos condujo hasta Lles de Cerdanya, donde paré también para catar la rica agua de la fuente antes de continuar bajando por el adrenalítico descenso hacia Martinet.

La ruta del sábado terminó entre campos de cereales y amapolas, a los pies del mastodóntico Cadí, en el pequeño pueblo de Talló, no sin antes regalarnos una última ascensión, corta pero intensa, hasta Montellà. La traca final la dispuso una excitante pista rural, pavimentada pero con algunos agujeros que reclamaban atención, y que no gustó demasiado a los que sufren por las delicadas llantas de sus ultratecnológicas bicicletas.

Pero a mí me encantó, porque me recuerda al ciclismo más primigenio, el que te hace sentir parte del paisaje, te descubre rincones llenos de vida, entre bosques, campos y pueblos, y te aleja de los no-lugares, esquivando autovías, rotondas y viaductos…

Orbea Cadí Challenge 2017
Con el mítico Jordi Laparra, creador del itinerario, tras recuperar fuerzas en la zona de chill out del final de la primera etapa.

Etapa 2:  Bellver de Cerdanya – Guardiola de Berguedà (110 km – 2.000 m+)

La segunda etapa de la Orbea Cadí Challenge comenzó con un tramo neutralizado de 31 km. El pelotón circuló agrupado y custodiado por los motoristas de los Mossos d’Esquadra hasta La Seu d’Urgell, por la N-260, también conocida como Eje Pirenaico. A partir de ahí, el track de la ruta –que también estaba señalizada sobre el terreno–, nos indicó el rumbo hacia el Coll de Trava, al que subimos sin perder el aliento, disfrutando del paisaje y el frescor de la mañana.

Orbea Cadí Challenge 2017
El pelotón aguarda instantes previos a la salida de la segunda etapa de la Orbea Cadí Challenge.

A continuación nos enfrentamos al Coll de Josa, en el que el sol nos calentó de lo lindo. Como contrapartida, disfrutamos de una carretera tranquilísima y unos paisajes naturales de postal, como la que conforma el pequeño pueblo de Josa de Cadí, situado en lo alto de una colina, en mitad del valle.

La jornada nos deparaba altas temperaturas y, una vez ya en la vertiente sur del Cadí, dos puertos más.

Después del avituallamiento de Gósol, avanzamos en dirección a Saldes, pero poco antes de llegar nos desviamos hacia el Coll de Pradell, que fue el colofón a un fin de semana de cicloturismo de primera. La ascensión, con el Pedraforca a nuestras espaldas, nos regaló un escenario espléndido que mutaba a medida que ganábamos altura, desde las areniscas rojas de las partes más bajas a los bosques casi alpinos de las cotas más altas.

Orbea Cadí Challenge 2017 Coll de Pradell
Últimas rampas del Coll de Pradell.

Una vez en lo alto, chequeamos los frenos y nos lanzamos cuesta abajo hasta el valle en un eterno descenso de fantasía, de ésos en los que a uno se le olvida que la bicicleta lleva pedales. A la hora de la comida, estábamos en meta, felices de habernos apuntado a una marcha cicloturista de dos días, un formato poco habitual pero que ha demostrado ser una ocasión única para promover la convivencia y el contacto con el resto de ciclistas, que normalmente salen pitando hacia sus casas nada más cruzar la línea de meta, además de para escapar durante dos días del mundanal ruido.

>> Álbumes de fotos de la primera etapa y de la segunda etapa.

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Escrito por

Periodista, aventurero, escritor & "culo de mal asiento". Barcelonés, afincado en el barrio de Gràcia, pero nómada por naturaleza. 42 años. Aficionado a leer, correr, ir en bici a todas partes, subir montañas, mirar mapas, hacer realidad los viajes que sueña... ¿La aventura que cambió su vida? Cruzar en bicicleta y en solitario los siete desiertos más grandes y emblemáticos del mundo: Australia, Atacama, Mojave, Namib, Kalahari, Gobi y Sáhara. Pedaleó 30.000 kilómetros durante cuatro años y aprendió que los desiertos son algo más que lugares vacíos y llanuras inertes. Todas sus peripecias aparecen en el libro 7 desiertos con un par de ruedas, con más de 200 fotografías que él mismo realizó durante las siete expediciones. Este blog lo inició cuando se preparaba para participar en la Titan Desert compartiendo tándem con Serafín Zubiri. Superado el reto, surgió otro, y luego otro, y otro más... y aquí nos los cuenta. Su website personal es www.conunparderuedas.com

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