Paso a paso hacia el Ultrabike Pro

Descubrí el Ultrabike de Besttrail hace ahora cuatro años. Mi viejo amigo Eusebio Mate –es decir, el Sebi– me contó que se había apuntado a una prueba marathon de mountain bike y que no le había ido muy bien porque había cometido un error de novato: su receptor GPS no aceptaba tracks de más de 500 puntos, así que había tenido que simplificar el archivo y, al ser tan esquemático, se pasaba de largo casi todos los desvíos.

Con el Mediterráneo de fondo, subiendo al Pla de la Calma, segunda ascensión de la jornada. Poco después ya perdimos la cuenta. Foto: Jordi Santacana.

ULTRABIKE PRO: UN RETO Y 24 HORAS

El Ultrabike es lo que se llama un ultramarathon de BTT. Una prueba de ciclismo de montaña a una sola vuelta, en un circuito de larga distancia de 220 km con algo más de 6.000 metros de ascensión acumulada.

Si se compara con hace sólo unos años, hoy día existen numerosas pruebas de este tipo, pero una de las ventajas del Ultrabike –y lo que lo hace especialmente atractivo para muchos de los participantes– es que que la organización concede un margen significativamente amplio para completar el recorrido: nada menos que 24 horas. La otra ventaja es que existe un circuito paralelo más corto, llamado Aventura, de unos 130 km con algo más de 3.000 metros de ascensión acumulada, que resulta perfecto para los que todavía no se atreven –o no les apetece– dar el salto a la distancia larga.

ANTECEDENTES SIN PRECEDENTES

Después de oír las tragicómicas peripecias del Sebi, al año siguiente me presenté yo a la misma aventura y la verdad es que me gustó. Aunque el circuito no es técnico y predominan las pistas y caminos rodadores, hay largas ascensiones y panoramas naturales que invitan a olvidarse de todo y pasarse el día pedaleando.

Además, la ruta del Ultrabike Aventura es una oportunidad única para descubrir el Montseny, una montaña icónica situada a apenas 40 minutos en tren de la ciudad de Barcelona. El recorrido gira siempre alrededor del macizo, llevándonos montaña arriba, montaña abajo, salvando solitarios collados y atravesando bucólicos hayedos.

A las 6.10 AM, bromeando: “Zugasti, has hecho mucho daño…”. Foto: Jordi Santacana.

En la siguiente edición acordamos ir juntos, y cayó el diluvio universal. La misma Aventura fue diametralmente distinta a la que había vivido un año antes. Apenas pudimos ver el paisaje –aunque lo disfrutamos igual– y la horquilla de suspensión de mi bici se estropeó, pero nos lo tomamos con filosofía y conseguimos labrarnos un bonito recuerdo.

Y como suele ocurrir cuando la jornada roza la épica, con la emoción del momento, a alguien, no sé a quién de los dos, se le fue la pinza y dijo: ‘El año que viene, la larga’.

LA SUERTE ESTÁ ECHADA

Y el año transcurrió. Unos entrenaron más y otros menos. Pero ahí estaban nuestros nombres, juntitos, en la lista de inscritos de la Ultrabike Pro. Era la hora de la verdad, la hora de la congoja.

El fin de semana previo yo había estado acumulando kilómetros y desnivel en las mismas montañas del Montseny, pero a pie, preparando la Euforia Andorra Ultratrail con Pol. Era lunes y tenía el cuerpo molido, me dormía de pie y sufría ataques de hambre cada cinco minutos. Llamé al Sebi para asegurarme de que quería dar el salto a la Pro y casi le da un soponcio cuando le digo que estoy hecho polvo y que no veo claro lo de abordar la distancia larga, que si no se contenta con el ‘sucedáneo’ de la versión Aventura. Pobre Sebi… Casi le da un ataque.

Mi amigo del colegio, Lluis Tobeña, más en forma que nunca, pasando el estricto control de material obligatorio antes de la salida. Foto: Jordi Santacana.

AVENA, ESPINACAS Y ENTRENAMIENTO MENTAL

Me pasé la semana descansando, entrenando mentalmente, estirando el psoas-ilíaco y leyendo a Eduard Punset, que en uno de sus libros asegura que las neuronas también entrenan y la visualización sí que influye en el rendimiento deportivo. Por suerte, unos diez días antes habíamos hecho una de nuestras salidas de bikepacking, aunque de 200 km en dos días. Haberme sentido con energía incluso en los últimos kilómetros me daba una cierta confianza, pero la verdad es que este año, con los entrenamientos a pie, apenas he tocado la bicicleta.

Y llegó el sábado. A las 4 AM sonó el despertador, engullí un bol de papillas de avena que se resistió más de lo deseado y tuve la gran suerte de poder vaciar el intestino incluso a esa hora, la hora cero, la hora en que cambia el ciclo, empieza una nueva era y pasas del pretérito al presente.

No en vano me había pasado el día anterior zampando copos de avena con kéfir casero y ensalada de espinacas con atún.

En la salida, con alegría y buenas vibraciones (sobre todo con horquilla rígida). Foto: Jordi Santacana.

A las 5 AM, el Sebi aparece frente a mi casa. Trae las piernas depiladas y un arsenal de barritas energéticas ‘homemade’ de composición altamente confidencial. Lo lleva todo, todo, todo absolutamente controlado. Conduce concentrado, pero de vez en cuando se le escapa una carcajada de risa nerviosa. Yo ni me quito el casco.

Una vez en Sant Celoni, él se encarga de los dorsales. Mi neurona sólo es capaz de poner en marcha el GPS. Nos aguarda un día largo. Lo más importante es meter lo necesario para la noche en una bolsa que la organización llevará hasta el control del kilómetro 126, donde debemos llegar antes de las 19.57 h. Por suerte, lo preparé metódicamente anoche.

Ni tan siquiera calentamos. Tenemos todo el día para entrar en calor.

EL PSOAS RELAJADO, MI MEJOR ALIADO

Ya en las primeras cuestas empiezo a sentirme bien. Mucho mejor que el año pasado, de hecho. “Se nota que has ido al fisio ése –se refiere a Steffen Lundsgaard, maestro de Manuvision en Barcelona, apunta el Sebi. “No, Sebi, ahí fui hace exactamente un año. Compartí el recuerdo en mi perfil de Facebook“, le aclaro. Pero la verdad es que me siento ligero, relajado por fuera y por dentro. El psoas es mi aliado.

Durante las primeras horas, el recorrido es prácticamente idéntico al que hicimos el año pasado, pero sin lluvia. Subimos más fáciles, a un ritmo alegre, pero hoy no paramos ni una sola vez a sacar fotos. De hecho, es la primera vez que voy a una carrera de este tipo sin la cámara de fotos.

Ultrabike
Subir tiene sus recompensas: luego toca bajar y desde arriba puedes avistar las cumbres nevadas de montañas lejanas. Foto: Lluís Galí Lara.

Al coronar el Pla de la Calma, tras una larga ascensión, encaramos un rapidísimo descenso que nos lleva por caminos inéditos rumbo a El Brull, donde está el segundo avituallamiento. Para nuestra sorpresa, en este punto, a sólo 53 km del punto de salida, hay 22 abandonos.

A mediodía, el calor empieza a notarse, pero la tabla de horarios invita a aplicarse. Somos sistemáticos en todo: beber y comer cuando toca, parar lo mínimo posible, no tener errores de orientación… No siempre sale bien, por supuesto. Pero la concentración da sus frutos.

Estamos en tierra de nadie. Pasamos horas y horas atravesando bosques, sin ver un solo pueblo o una urbanización.

Y así vivimos uno de los días más largos de mountain bike de nuestras vidas, que en realidad pasa demasiado rápido. Porque cuando pedaleas a placer las horas se vaporizan y los paisajes se escurren por el rabillo del ojo, quizá porque vamos demasiado deprisa para saborearlos, o demasiado cansados. Pero a eso hemos venido, a ver si éramos capaces de superar este reto y llegar a cada curva, a cada alto y a cada punto de control con una sonrisa de oreja a oreja.

Dos participantes de la Ultrabike Pro, a su paso por El Brull. Foto: Lluís Galí Lara.

TARJETA AHORRO Y CORTES HORARIOS

La táctica es simple: dosificar las energías desde el primer kilómetro, regulando las fuerzas, ahorrando cada céntimo, como cuando vamos al supermercado con la tarjeta de descuento entre los dientes. Por otro lado, nos habíamos propuesto arañar minutos a base de no cometer absurdos despistes –o cometer los mínimos posibles–, ni dormirnos en los laureles en esos oasis de confort llamados “avituallamiento”.

Lo único que no conseguimos, por falta de disciplina, es ahorrar energía mental, pues no paramos de hablar hasta que las fuerzas empiezan a flaquear, ya bien entrada la noche. Es lo que tiene salir poco con los amigos. Que cuando los ves, tienes muchas cosas que contar.

En el bolsillo del maillot llevamos un papel con los tiempos de cierre en cada avituallamiento.

Se trata de mantener un colchón de aproximadamente 2 horas para ir tranquilos. En caso de problemas, imprevistos, averías o fatiga, tendremos un cierto margen de maniobra. Imprevistos como cuando el Sebi se mete en un charco de barro tan profundo que podría ser el jacuzzi de lodo de un rinoceronte. “Cuando lo he visto, ya era demasiado tarde”, protesta. A partir de ahí, su bici emite extraños lamentos: el barro se ha pegado por todas partes y va medio frenado. “La podemos meter en el pantano”, le propongo.

Encarando una de las muchas cuestas de la Ultrabike Pro 2017, bajo un sol que nos acompañó toda la jornada. Foto: Lluís Galí Lara.
Ultrabike Pro 2017 by Besttrail.
El Sebi, ‘mazao’ y bien acoplado a la bici. Foto: Lluís Galí Lara.

PEDALEANDO HACIA LA OSCURIDAD

Uno de los momentos clave de la jornada es el del control previo a la noche. Estamos en el ecuador de la Ultrabike Pro, en el km 126, y tenemos que coger algo de abrigo extra y los focos –la organización nos ha traído hasta aquí una bolsa con estos enseres– con tal de encarar los últimos 100 km de recorrido.

Aún es pronto y no montaremos las luces hasta el km 160, aproximadamente, pero es en estas islas de paz, en estas casillas con opción a salida de emergencia, donde existe un mayor peligro de tropezarse, resbalarse o, sencillamente, dejarse caer hacia ese túnel fácil, inmediato y traicioneramente seductor, del abandono.

Yo me lo he planteado desde el princpio como el verdadero inicio del reto: “Aquí empieza la aventura de hoy, Sebi. Esto eran sólo las letras del principio de la película. Ahora vamos a volver a la casilla de salida, y lo vamos a hacer en bici. En coche sería una auténtica tortura”.

Los bosques del Montseny, uno de los grandes atractivos del recorrido de la Ultrabike by Besttrail. Foto: Jordi Santacana.

REPITE CONTIGO: “ESTOY CANSADO, PERO ME GUSTA”

Con estas palabras logro que el Sebi supere la crisis, despegue el culo del suelo y lo estampe en el sillín hasta la línea de meta. Habrá otros momentos difíciles, por supuesto, pero hemos llegado a un acuerdo tácito, sin necesidad de hablarlo, y es que ninguno de los dos va a quejarse por cansancio nunca más. En todo caso, lo vamos a celebrar: “Estoy petado, pero me encanta estar así”. Y el truco funciona. Sobre todo si lo repites 127 veces. Al final, de tanto oírlo en tu mente, te lo crees. Y sonríes.

La noche es traicionera. En los cruces, dudas más, y en las bajadas, la prudencia se multiplica. Y el sueño… fruto de la fatiga acumulada, llama a la puerta.

Ante el ataque de bostezos, opto por tomarme un gel con cafeína, pero lo acompaño con una barrita de muesli para evitar el famoso “efecto rebote”. Hambre no tengo. Estoy más de salados. Quizá por eso, al llegar a la meta, donde nos reciben como auténticos héroes, me pimplo una cerveza. Me apetecen patatas fritas, o unos nachos con queso fundido, una hamburguesa, unos perritos calientes, o una paella. Por favor, ¡no más vida sana!

Son las 4 de la madrugada. Llevamos 24 horas en pie, de las que 2o horas han sido sobre la bicicleta. Calculo que entre una pausa y otra no habremos descansado más de 60 minutos. Quedan muy pocos ciclistas por llegar y el primer clasificado, Joseba Albizu Lizaso, hace 10 horas que entró en meta.

Ultrabike Pro 2017 by Besttrail.
Cuando despierto el domingo, el sol ya va de bajada. En los bolsillos del maillot aparece un gel de cafeína que sobró, la lista de checkpoints, una medalla de madera… El verdadero premio es inmaterial. Foto: Sergio Fernández Tolosa.

Pero nos sentimos ganadores. Hemos disfrutado desde el primer al último minuto de esta rutaza. El Sebi está eufórico. Yo doy cabezadas en el asiento del copiloto mientras él habla con los cajeros automáticos de los peajes. Entre un ataque de narcolepsia y otro, me parece oír los sintagmas “nunca más” y “en todo caso, la corta”.

Nos despedimos con un abrazo, frente a mi casa. Está a punto de amanecer. Sé que antes de 24 horas, el Sebi me llamará feliz para comunicarme oficialmente que ya está pensando en volver a intentarlo el año que viene. Porque hay cosas que no cambian. Como las viejas amistades. Como el Ultrabike de Besttrail.

>> Track para GPS de la ruta Ultrabike Pro 2017 by Besttrail.
>> Galería de imágenes completa del Ultrabike 2017.

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Escrito por

Periodista, aventurero, escritor & "culo de mal asiento". Barcelonés, afincado en el barrio de Gràcia, pero nómada por naturaleza. 42 años. Aficionado a leer, correr, ir en bici a todas partes, subir montañas, mirar mapas, hacer realidad los viajes que sueña... ¿La aventura que cambió su vida? Cruzar en bicicleta y en solitario los siete desiertos más grandes y emblemáticos del mundo: Australia, Atacama, Mojave, Namib, Kalahari, Gobi y Sáhara. Pedaleó 30.000 kilómetros durante cuatro años y aprendió que los desiertos son algo más que lugares vacíos y llanuras inertes. Todas sus peripecias aparecen en el libro 7 desiertos con un par de ruedas, con más de 200 fotografías que él mismo realizó durante las siete expediciones. Este blog lo inició cuando se preparaba para participar en la Titan Desert compartiendo tándem con Serafín Zubiri. Superado el reto, surgió otro, y luego otro, y otro más... y aquí nos los cuenta. Su website personal es www.conunparderuedas.com

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